El insaciable gusto capitalista

Qué mejor forma de honrar a los presidentes de la república, que con la imagen de decenas de jóvenes acampando frente a tiendas para pagar 220 dólares por un par de tenis. A eso es a lo que ha llegado el sistema capitalista por el que lucharon George Washington y Abraham Lincoln.

A estos herederos del consumo desenfrenado que más les da que, en las mismas calles de la metrópolis donde ellos por gusto duermen durante días para saciar su hambre materialista, el número de individuos que duermen en ellas por obligación sea de cientos por noche. Qué rayos les importa a estos adictos del capitalismo que en New York el número de personas sin un hogar sobrepase los 40 mil.

La prioridad de estos hijos del capitalismo – algunos de ellos estudiantes universitarios – no les molesta las inclemencias invernales, si al final pueden ser dueños de un par de los Foamposite Galaxy.

Ese es el nombre del más reciente modelo de Nike. ¿Y qué tiene de maravilla este tenis? Aaaaa, ¡es que este par de tenis se ilumina en la oscuridad!

Sépase que a los $220 se le añaden los impuestos y en un pestañar la cifra sube cerca de $250.

Que haya padres que permitan que sus hijos paguen tan astronómica cantidad por un par de tenis es insólito.

En estos días estamos viendo el aumento en el precio de la gasolina, que ya alcanzó su nivel más alto para esta temporada del año, y el vaticinio de los expertos que auguran más aumentos. ¿Y, qué tiene que ver eso con los tenis que cuestan 220 dólares? Eso es lo que se preguntarán los chicos de papá y mamá. O peor aún, los que estén estudiando con becas del gobierno o mejor dicho del dinero que pagamos en impuestos que están destinados a los bolsillos de los que le pagamos por estudiar.

Tal vez a nadie más le incomode el que durante esta crisis financiera, millones han perdido sus trabajos, casas, hogares, autos e hijos que se acuestan con hambre; a mí si me molesta.

Es incomprensible que jóvenes hagan colas para pagar $220 por un par de tenis, cuando en el país más rico y endeudado del planeta la situación va de mal en peor. Nada de eso importa, la consigna es: ¡Que viva el capitalismo!