Los resultados de ‘la semana hispana’

El 22 de abril, hacia el final de su programa de noticias por CNN, Candy Crowley se refirió al ciclo de noticias de la semana previa como “La semana de los hispanos”.

Había entrevistado al senador menor de la Florida, Marco Rubio, para el programa. Pero de la entrevista salió muy poco nuevo. Rubio negó estar buscando ser nombrado a la candidatura de vicepresidente republicano, y se mostró muy a favor del antiguo gobernador de Florida, Jeb Bush, cuyo nombre ha surgido como posible candidato junto con Mitt Romney.

Rubio elogió a quienes buscan la oportunidad económica y el desarrollo para sus familias, sin importar cómo llegaron a este país.

Rubio se ha colocado donde se va a encontrar pronto Romney, como el centrista. Si bien sus ambiciones políticas van encogiéndose (por estar en la mira de la nación al ser considerado como candidato a la vicepresidencia), al igual que Romney, representa una cosa pero está a favor de políticas públicas que no resolverán, sino que postergarán, los problemas.

Es la manera perfecta de corromper buenos valores. Rubio, aliado con el movimiento del llamado Tea Party, se asemeja mucho Rubio a Romney, quien ya ha dado su bendición a las políticas extremistas en contra del inmigrante de Arizona, indicando que las medidas draconianas de ese estado son “un modelo”. No hay manera de escabullirse hacia una posición moderada desde esa perspectiva.

Lo de la “semana del latino” llega cuando los analistas tratan de hacerse expertos en cuanto a los bloques que marcarán la diferencia en los comicios de noviembre: las mujeres, los jóvenes y los latinos.

En algún sentido, este año comienza a parecerse a 1950 y la campaña del Senado de EE.UU. en California, cuando Richard Nixon compitió contra la congresista demócrata Helen Gahagan Douglas. Le hicieron una campaña de difamación a la congresista, refiriéndose a ella como comunista y simpatizante de los “rojos” y con tendencias comunistas (parecido a las difamaciones contra el presidente Obama). El público quedó engatusado. Tácticas como ésta funcionaron porque los votantes están dispuestos a hacerse los ingenuos y suspender la realidad.

Si Romney decide cambiar de opinión, mostrará entonces que es hasta más críptico de lo que se pensaba, y por desgracia, carente de temple.

Por televisión, Rubio parece comprender, al menos, que el gobierno está para ayudar a la gente. El gobierno no es un instrumento para evitar que la ayuda se dé.