Obama y Romney, los gemelos insospechados

El presidente Obama y el probable candidato republicano, Mitt Romney, pasarán los próximos meses intentando convencer a los electores de que tienen filosofías políticas totalmente diferentes.

La ironía es que los dos son, en realidad, bastante similares. Ambos son candidatos del establishment conocidos por jugar seguro y por recibir críticas de los extremos de sus partidos. Y ambos están dispuestos a hacer lo imposible para atraer a electores que están en el otro lado del espectro -conservadores, para Obama; liberales, para Romney.

Hasta sus esfuerzos de “alcanzar los hispanos” son parecidos. Tanto Obama como Romney están creando un gran espectáculo sus esfuerzos para ganar electores hispanos. Dados sus horribles historiales sobre el tema de la inmigración, ¿a quién creen que están engañando? Todo lo que traen son promesas vacías.

La última oferta de Obama fue mezquina y olió a sobras. En una entrevista a Univisión, el Presidente prometió que perseguirá la reforma migratoria una vez reelecto. Pero Obama no se jugó del todo. “Puedo prometer que intentaré llevarla a cabo en el primer año de mi segundo período”, expresó.

Recordemos que en 2008, Obama prometió convertir la reforma migratoria en prioridad durante su primer período. Si lo logra o no, el Presidente quiere que los hispanos le reconozcan el mérito de intentar.

Obama siempre trata a los hispanos como si nos estuviera haciendo un favor. ¿A qué otro bloque de electores les habla de esa manera? En la política, lo que importa son los resultados, no las buenas intenciones. Además, puesto que ha deportado a más de 1,2 millones de inmigrantes ilegales, aún no sabemos con certeza cuáles son las verdaderas intenciones de Obama.

Observen lo que dijo después: “El reto que tenemos en la reforma migratoria es muy simple. Tengo una mayoría de demócratas que está preparada para votar a favor de ella, y no tengo ni un republicano que esté preparado para votar por ella”.

¿En serio? La última vez que el Congreso debatió leyes conciliatorias para la reforma migratoria, en 2006 y 2007, hubo casi dos docenas de senadores republicanos que votaron a favor de la reforma. No porque adoraran a los inmigrantes, sino porque el Partido adora las empresas y ellas adoran a los inmigrantes y su ética laboral.

Mientras tanto, Romney es igualmente insatisfactorio. Ni bien el exgobernador de Massachusetts tomó la delantera, con la retirada de Rick Santorum, comenzó a tratar de hacer las paces con los hispanos. ¿Pero quién había quebrado esa paz con ellos antes? Mitt Romney.

Durante las primarias, Romney continuamente suscitó el antagonismo de los hispanos. Prometió vetar la Ley DREAM, que otorgaría estatus legal a inmigrantes ilegales que estén en la universidad o se incorporen a las Fuerzas Armadas, y elogió la ley migratoria de Arizona como un modelo para la nación. También buscó el apoyo del secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, quien redactó leyes como la de Arizona.

El nuevo Romney está intentando distanciarse de Kobach, y llenar puestos clave con individuos conocidos por apoyar una reforma migratoria integral. Aunque Kobach aún se autodenomina “asesor” de la campaña de Romney.

Según NBC News, Romney dijo a seguidores en un evento de recaudación de fondos del 15 de abril en Palm Beach, Florida, que “tenemos que lograr que los electores hispanos voten por nuestro partido” porque de lo contrario “es el fin para nosotros”. Dijo al grupo que con una “Ley Dream republicana” – que ofrezca categoría legal pero no un camino directo a la ciudadanía- podrían lograrlo.

Romney también ha contratado al estratega republicano Ed Gillespie como alto asesor, para ayudar con la “comunicación del mensaje” y con la “estrategia general”. Por ser moderado y haber propuesto que el Partido Republicano extienda lazos hacia los hispanos y por haberse desempeñado como asesor de George W. Bush cuando la Casa Blanca pregonaba a los cuatro vientos la reforma migratoria integral, Gillespie es uno de los buenos.

Obama y Romney. Qué par. Todo lo que necesitan para que sus intentos de congraciarse con los latinos tengan éxito, es que esos electores sean muy confiados y les falle un poco la memoria.