El ‘yoísmo’ de Adriano

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Fue el 27 de mayo del 2010. Allí en Rye Brook, NY, en el pasillo del hotel donde el NYS Democratic Party formalizaba la nominación de Andrew M. Cuomo como su candidato a la gobernación para las elecciones del 2 de noviembre, que conversé con un grupo de por lo menos 15 dominicanos acerca de Adriano Espaillat.

Entre mis interlocutores estaban María Luna y Guillermo Linares. Les pregunté ¿por qué Adriano abandonaría su escaño en la Asamblea para arriesgarse en una elección por el Senado?

La conversación fue intensa. Nadie estaba de acuerdo con que Adriano perdiera su posición en la jerarquía de ese cuerpo legislativo. A él no le importó que su comunidad perdiera ranking. El “yoísmo” de Adriano prevaleció.

Sería él quien remplazaría a Eric Schneiderman, quien a su vez se postulaba para Attorney General. Guillermo, siempre cuidadoso, dejó que los demás hablaran. Adriano ganó el escaño y Linares lo sustituyó en la Asamblea.

Cinco años antes, en el 2005, Espaillat decidió que se postularía para presidente de Manhattan. En aquellas elecciones, a Espaillat no le importó que la edil Margarita López ya hubiera anunciado su candidatura. El tenía 250 mil dólares e iba a ser el primer dominicano en presidir el famoso condado.

Hablé con Espaillat, a quien consideraba poseedor de un gran potencial. Traté de convencerle que pensara en el impacto que tendría su candidatura en las aspiraciones de la puertorriqueña Margarita. Le ilustré cómo sus posibilidades, como aspirante a Public Advocate, serían mejor para él. Le arguyé que el postularse como candidato a nivel de la ciudad le ganaría reconocimiento y sería doble el entusiasmo para los latinos, ya que Fernando Ferrer aspiraba a la nominación demócrata para alcalde.

Abundan los ejemplos del “yoísmo” del ambicioso político que nunca ha sido partidario del latinismo cuando se trata de otros. Es por eso que ahora encontramos hueco su reclamo, y el de sus seguidores, de izar la bandera de unidad dominicana y latina por su candidatura “histórica” para el Congreso. Adriano Espaillat es un hábil adepto del “yoísmo” y ahora se merece que se le trate como el egoísta que siempre ha sido.

Bajofuego@eldiariony.com