¿Chiquitas sí, jumbo no?

Esta parece ser la nueva consigna del alcalde Michael Bloomberg ya que ha propuesto darle tijera al tamaño de los refrescos. De modo que si usted es de los que prefiere los tamaños grandes, en cuanto a estas bebidas se refiere, preste atención porque pronto podrían limita a 16 onzas las bebidas cargadas de azúcar.

Esta sugerencia nace de un Task Force creado a principio de año por Bloomberg para frenar el alza de la obesidad y el sobrepeso. Dicen los miembros del mismo, que la obesidad anda en la esquina de la epidemia y que arrebata la vida de casi 6,000 residentes anualmente en Nueva York. Y es que 58% de los adultos están sobrepeso u obesos y el azote mayor lo reciben las comunidades donde viven los negros, los latinos y las personas de ingresos limitados en donde el porcentaje podría rondar 70%. ¡Qué mal!, como dirían los jóvenes en Puerto Rico.

Según la NYC Community Health Survey 2002-2010, 21.3% de los niños neoyorquinos entre 6 y 11 años son obesos, contrario al 19.6% a nivel nacional. La obesidad no es un problema estético, afirman. La misma es responsable del incremento de los casos de diabetes tipo 2 que puede causar ceguera, hipertensión, hasta amputaciones. También puede aumentar los casos de cáncer, los problemas del corazón, artritis, depresión, asma, etc.

Así que sin duda es muy importante crear consciencia sobre lo que le metemos al cuerpo.

A mí lo de limitar la cantidad de onzas en estas bebidas tan dulces, no me parece mala idea. De hecho la considero un buen comienzo. Pero me pregunto, por qué no tratar de encontrar soluciones permanentes a la profundidad del problema. Sería bueno crear un Task Force que busque reducir la pobreza y la marginación. ¿Por qué no limitan los permisos para establecer restaurantes fast foods en estas comunidades, o tratan de reducir los anuncios de cigarrillos y bebidas alcoholicas en las bodegas de los barrios pobres; o sencillamente tratan de mejorar las escuelas en estos barrios? ¿Por qué cubrir con curitas un mal tan profundo?