La Corte Suprema y Arizona

Una noche, saliendo de una boda en Texas, me paró un patrullero porque crucé por unos centímetros la línea blanca demarcando donde había que parar el auto. Después de unos momentos me quedó claro que al oficial no le importaban esos centímetros. Quería ver si estaba borracho, y cuando se dio cuenta de que no lo estaba, me dejo ir.

En Arizona, es posible que el patrullero hubiera estado buscando evidencia de mi estatus legal en este país. Eso es lo que le permite la controvertida ley S.B. 1070.

Y este verano la Corta Suprema nos dirá si S.B. 1070 respeta la constitución federal.

Entre otras cosas, la Corte tendrá que determinar si el patrullero en Arizona puede usar una violación – esos centímetros, por ejemplo – para investigar otra posible violación, como estar en este país sin documentos.

La Constitución protege nuestra persona. Las autoridades no pueden entrar en nuestras casas, nuestros autos o nuestros bolsillos sin una sospecha justificada. Y este principio es lo que separa lo que me pasó en Texas y lo que me pudiera haber pasado en Arizona.

Haber excedido la raya justifica la sospecha de que estoy borracho, porque los borrachos tienen menos control de sus autos. Esta bien que el patrullero busque más evidencia de alcohol.

Pero sería insincero argumentar que una persona sin documentos conduce con menos responsable.

Y si violaciones irrelevantes no pueden justificar la demanda de documentos, ¿qué es lo que queda para el patrullero en Arizona? Lo que queda es el modo de ser: el color de la piel, el acento. Pero eso también es ilegal: en este país, que nuestra piel y nuestro acento sea base de una sospecha viola las normas de la constitución.