Una victoria para todos

El fallo de ayer de la Suprema Corte es una decisión histórica. Un triunfo para todos los estadounidenses, tengan o no tengan seguro médico.

La ratificación de las cláusulas más importantes de la Ley de Acceso al Cuidado de Salud Asequible amplía la cobertura de salud de millones de personas – una acción que ahorrará angustias, dolor y pérdida de vidas.

El impacto que tiene la falta de un seguro médico es muy bien conocido en la comunidad latina, el grupo étnico con el mayor porcentaje de personas sin seguro médico.

La ley provee protecciones legales frente a las crecientes restricciones de cobertura de las aseguradoras a pacientes con seguro médico y a personas con condiciones médicas pre-existentes.

Todo esto será posible porque los jueces confirmaron que el gobierno federal tiene la autoridad de requerir a todos los estadounidenses a tener un seguro médico. Esta es una cláusula imprescindible para el buen funcionamiento de una estructura que todavía depende del sistema privado de seguros. La nueva ley mantiene en pie la estructura privada, a pesar de la falsa acusación de que es una intervención del gobierno federal.

El fallo judicial debe acelerar el proceso para que los estados implementen el mercado de seguros (exchange) y otros aspectos de la ley.

Nos preocupa que la ley excluya a los indocumentados de la cobertura. Queda en manos de los estados la forma de fortalecer, por ejemplo, una red de clínicas comunitarias que atienda a estos pacientes.

Esta decisión es también una victoria monumental para el presidente Obama. Su apuesta dio resultado. Su desafío ahora es convencer a un electorado mayormente escéptico de que esta no es una invasión del gobierno, ni un arbitrario aumento a los impuestos -mensajes que la banda republicana comenzó a disparar ayer-, sino que tiene beneficios concretos para cada quien.

Pero muchos verán en esta decisión la oportunidad de convertir la elección en un referendo sobre la ley de salud. Esto pondrá a prueba la capacidad del mandatario para comunicar a los votantes los efectos positivos que realmente tiene la ley.

Al final, serán los electores quienes decidirán en noviembre si la ley debe seguir implementándose como lo desea Obama o si debe eliminarse por completo como lo propone Mitt Romney.