En el país de las paradojas y el cinismo

Es consecuente y dable suponer que, si en República Dominicana, por desaliento, el 82% de la juventud que cursa estudios superiores opinan que ir a las universidades no vale la pena; nuestros abuelos que tal vez en algún tiempo estaban contestes con ese criterio, efectivamente, no serán beneficiarios de la ley 352-98, sobre protección de los envejecientes.

Hay que tener mentalidad utópica para creer en la efectividad de una legislación sujeta a las paradojas y al cinismo que nos taladra.

En una nación donde además, el 58% de los jóvenes quiere escapar hacia el exterior, es un contrasentido, el ahora, sin más ni más, querer proteger a sus antecesores que ahora han llegado a la inexorable senectud. Ha de convenirse en que aquellos vientos, trajeron estas tempestades. Para ello habría que institucionalizar al país.

Es querer ser acorralados por embaucamientos, el creer que una nación que sólo permite el desarrollo de algunos jóvenes por clientelismo o nepotismo; se asista como se debe, a nuestros envejecientes. Donde una ministra de Educación, transgrediendo la ley, protege a sus nietos con el privilegio de ser becados para estudiar en prestigiosas universidades del exterior; lo más lógico es pensar que allí persiste un ambiente de inequidad y desigualdades sociales, en donde tampoco, nuestros viejitos, per se, tienen un digno discurrir.

En República Dominicana, deben pulular más de un millón de envejecientes que sobrepasan o se acercan a los 65 años, que sobreviven en deplorables condiciones existenciales. Son indigentes o homeles (desamparados), como se les llama en los Estados Unidos. No importa su senectud o vejez, aún contribuyendo con nuestra formación, a estos se les conculcan sus derechos, como a cualquier otro contribuyente, y tienen que pagar bienes y servicios como los demás. No hay ningún tipo de consideración para nuestros abuelos.

Si en una ciudad como Nueva York, indigentes que están sobre el límite de los pobres; mal podría pensarse que en un país con autoridades irrespetuosas de los derechos humanos y civiles; se aplicaría una ley que garantice el bienestar de nuestros progenitores. En este aspecto, República Dominica, se distancia por mucho del “Nueva York Chiquito”

El sector envejeciente que sí es ampliamente beneficiado en República Dominicana, es el de funcionarios enquistados en la cúspide del gobierno.

Definitivamente, los dominicanos transitamos por un angosto camino, atestado de inconsciencias, paradojas y cinismos.