Pobre México pobre

¿De verdad ganó el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto? Las recientes elecciones presidenciales en México nuevamente han sido cuestionadas. Sin duda la democracia en el país es más sólida hoy que hace doce años, cuando Vicente Fox terminó con una dictadura que llevaba más de setenta años en el poder. Pero la democracia por sí sola no cura al enfermo.

El PAN, que es el partido de Fox, tuvo dos oportunidades, la segunda con Felipe Calderón. Ninguno de los dos será recordado como un líder visionario. De hecho, la opinión popular sobre Calderón es la de un tipo ineficaz que al usar al ejército para detener el avance imponderable del narcotráfico terminó causando miles de muertes civiles y agravando la seguridad social.

La corrupción no es un problema pasajero. Está afincada en el espíritu colectivo a lo largo de la historia. Intentar desmantelarla en soñar con la utopía. Tanto el ejército como el ámbito político son casos perdidos. No es sorpresivo, pues, que las elecciones hayan sido fraudulentas.

Regreso a mi argumento original: el México silenciado por el PRI durante tantas décadas ya no existe. El espíritu democrático anima a la gente a decir lo que siente, a manifestarse abiertamente, a demandar que las cosas se hagan mejor. ¿Y de verdad pueden hacerse mejor? No soy un pesimista, aunque confieso que en esta coyuntura mi esperanza es limitada.

No solo mi esperanza sino mi confianza. Peña Nieto es un hombre inculto. No leer, a mi gusto, es carecer de dos cualidades básicas: la capacidad de abstraer y sintetizar ideas y la imaginación creativa y fecunda. He escuchado algunos discursos suyos y-¡oh musa!-no tiene talento retórico.

Todas estas limitaciones serán perdonables si su intuición es la llave que haga que su liderazgo confronte exitosamente los desafíos del México: el crimen que viene del narcotráfico, un sistema educativo en bancarrota, el crecimiento económico que sigue sin incluir a una parte amplia de la ciudadanía, un cuerpo de policía abusivo y autoritario.

Mmm… ¡Pobre México pobre! Una transformación radical se llevó a cabo en la primera mitad del siglo XX. Esa transformación lleva el nombre de “modernización”. Desde entonces el país está estancado. Mientras otras naciones con economías similares (pienso en Corea) han apelado a la industria y tecnología para elevar su calidad de vida, en México esos cambios siguen siendo una promesa. La pobreza abismal es un ancla que prohíbe que el barco zarpe de la costa.

Peña Nieto pronto empezará un nuevo capítulo que, desafortunadamente, no parece distinto a los anteriores. La democracia en México es vigorosa. Sin embargo, es claro en el muestrario de candidatos a la presidencia y los resultados electorales que la libertad de voto no significa que el cambio vaya a ser benéfico. ¿Será distinto este PRI que asume las riendas al que lo precedió?