Victoria de las abuelas

La reciente condena a exmilitares argentinos por robos de bebés es la victoria de un grupo de abuelas que por décadas ha luchado para hacer justicia a sus hijos muertos y nietos robados. El fallo de los jueces, que sumó 50 años más a la larga condena que ya purga el exdictador Jorge Rafael Videla -y condenó a otros represores por la misma causa- estableció que hubo una “práctica sistemática y generalizada de sustracción de menores de edad” como parte de un “plan general de aniquilación”.

No hay pruebas directas del plan pero este se deduce porque en el proceso de secuestro de los bebés participaron médicos, enfermeras y militares que vigilaron a las detenidas embarazadas hasta dar a luz -luego eran asesinadas- y jueces que falsificaron documentos en la entrega de los menores, en muchos casos a familias militares.

Nadie cree que todo esto pudo realizarse bajo el estricto régimen castrense sin el conocimiento y consentimiento de la junta militar que encabezaba Videla.

Esto no cierra este trágico capítulo de esta historia. Hasta ahora, más de cien personas han recuperado su identidad biológica, mientras que todavía hay otros 400 hombres y mujeres que desconocen que sus padres murieron en la dictadura y que fueron entregados en adopción.

Por eso, la lucha de las abuelas de Plaza de Mayo continúa hasta encontrar a sus nietos, aunque el tiempo corra en su contra por su avanzada edad. Ellas quieren recuperar lo único que quedó de sus hijos, los nietos que fueron convertidos en botín de guerra.

Trágicamente, este sufrimiento es demasiado conocido por muchas madres y abuelas de América Latina, cuyos hijos y nietos murieron por la represión de gobiernos autoritarios. Ellas también merecen que se haga justicia con los torturadores y asesinos que por tener poder se creyeron los dueños de la vida y de la muerte.

El camino argentino hacia la justicia ha sido largo, complicado, pero necesario para asegurar que no se repita el pasado. Este es un sendero a seguir para finalmente dejar atrás los fantasmas de las crueles dictaduras del pasado.

Impremedia/La Opinión

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