Don Quijote, Río Grande

En el hotel Río Grande Plaza hay una fuerte pero linda brisa que sopla desde México. Gilberto, el que atiende la recepción me dice que esta brisa sopla durante el año entero. El es un hombre tranquilo, de movimientos lentos. Vive en ambos México y aquí en Laredo, Texas.

“Lo curioso”, dice él, “es que a una mera cuadra ni se mueve un arbol”.

Nos señala una iglesia a la distancia en la hermana ciudad mexicana Nueva Laredo, fundada durante el siglo 18. Aquellos misioneros no le temían a lo desconocido o le temían demasiado: andaban con cruz y espada.

Toda misión es locura.

Hay un tal misionero que en vez de cruz y espada anda con remo y canoa. La excéntrica misión de Eric Ellman es juntar a remadores de Texas con los de México. Ellman es remador y director del Big River Foundation, que promueve la ecología y uso del Río Grande [o Bravo en México]. Su visión es que los remadores en ambos lados de la frontera puedan competir en las regatas que se dan en ambos países.

Este año marca el 49 aniversario de la regata que se da en Durango, México durante el mes de julio, y en hay una competencia melliza en Texas que acaba de cumplir 50 años. Ellman ayudó que los organizadores de cada lado conociera la existencia del otro.

Hoy, viaja para México con Tommy Yonley, remador de Texas y reciente ganador. Viajar de Texas a México para participar en una competencia de canotaje. Como está “el relajo ese” en México actualmente, muchos pensarían que Ellman está más loco que un Quixote. La conversación continuará este otoño, cuando vendrán delegaciones olímpicas de ambos países para Laredos Rio Fest.

“Viví en el Lower East Side durante lo años setenta”, dice Ellman. “Nueva York era muy peligroso, pero creo que los bodegueros coreanos ayudaron a salvar la ciudad. Dejaban sus luces prendidas toda la noche y atrayendo más actividad y negocio. Una persona prende la luz y poco a poco otras la prenden. Esto es lo que queremos hacer en este intercambio, prender luces sobre el Río Grande”.