La selección de Paul Ryan

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La selección del congresista Paul Ryan como integrante de la fórmula republicana es decepcionante. Es una señal de un partido que en vez de abrirse para ser inclusivo en su búsqueda del voto independiente, optó por enfatizar la recalcitrante visión ideológica que caracteriza la actual Cámara de Representantes.

El virtual candidato republicano a la presidencia, Mitt Romney, apostó sus cartas a movilizar el votante adepto al Tea Party al elegir a uno de sus favoritos, con la esperanza de que este lo ayude a llegar a la Casa Blanca. Esta es una decisión estratégica que reafirma la tendencia partidaria ultra conservadora y excluyente vista durante la elección primaria.

Esa es una mala noticia para quienes creemos que la comunidad latina se beneficia cuando ambos partidos buscan su voto. La designación de una de las figuras más radicales, polarizantes y obstruccionistas de este Congreso no ayudan a atraer al voto de las minorías y moderados.

Es más, el único logro de Ryan durante 14 años en la Cámara de Representante -ingresó a los 28 años de edad- es haber impulsado en estos últimos años presupuestos federales profundamente ideológicos que buscan recortar la red de servicios social- ni Medicare ni el Seguro Social se salvan- y extremadamente generoso en los recortes de impuestos a quienes ganan más. Y dentro de este panorama, la intransigencia es la actitud que le gana adeptos del Tea Party.

Estos antecedentes, por otra parte, son insuficientes para demostrar que el compañero de fórmula de Romney cumple con el principal requisito para ocupar el cargo asignado: la capacidad de asumir la presidencia de un momento a otro en caso de ser necesario.

Una frase común dice que el primer acto presidencial de un candidato es la elección de su vicepresidente. Si éste es el caso, el primer vistazo a una supuesta administración Romney es bastante preocupante.

Impremedia/La Opinión