Rarezas olímpicas que no pasan al olvido

Desde maratonistas que corren sin zapatos hasta atletas que arriesgan la vida para salvar a sus rivales.
Rarezas olímpicas que no pasan al olvido
El luchador Ara Abrahamian de Suecia tiró al suelo la medalla de bronce obtenida durante los Juegos de Beijing 2008. La dejó en medio de la lona y fue descalificado.
Foto: AP

Nueva York – Desde maratonistas que corren sin zapatos hasta atletas que arriesgan la vida para salvar a rivales, los Juegos Olímpicos han tenido más de una anécdota que contar.

Los récords se han establecido para romperse y las rarezas de los deportes y los sacrificios extremos de los deportistas por alcanzar una medalla van más allá de lo verosímil.

En cada olimpiada hay atletas de ambos bandos, es decir buenos y villanos. Sin duda uno de los casos más extremos durante los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1912 la protagonizaron el ruso Marrin Klein y el finlandés Alfred Asikainen, quienes disputaron 11 horas para definir el ganador de la ansiada medalla dorada en lucha. Al final el vencedor fue Klein.

Quien no evidenció ningún tipo de deportividad fue la atleta Madeline de Jesús de Puerto Rico, quien durante un salto largo en Los Angeles 84 se lesionó. Madeline le preguntó a su hermana gemela, Margaret, si podía competir por ella. Un lunar de una de ellas fue la prueba que las puso en evidencia para ser descalificadas.

Otro caso curioso y antideportivo durante los Juegos Olímpicos de 1904, en St. Louis, lo realizó Fred Lorz de Estados Unidos, quien ganó la prueba de maratón pero luego se descubrió que utilizó un medio ilegal para llegar primero a la meta: un auto.

La violencia también se ha hecho presente en los Juegos. Uno de los primeros casos registrados fue el del equipo de polo acuático de Brasil en Los Ángeles 1932. Al no estar de acuerdo con una decisión arbitral, los integrantes del seleccionado salieron de la piscina y empezaron a golpear al juez, insólito.

Ara Abrahamian de Suecia es uno de los nombres en la lista negra de los Olímpicos. El luchador temperamental no se conformó con su medalla de bronce y la tiró al piso como protesta. Esto le valió la descalificación en Beijing 2008.

La lista de deportistas quienes se han entregado por entero para dar la milla extra y conseguir la ansiada medalla es corta pero gratificante.

El velerista canadiense Lawrence Lemieux durante los Juegos de Seúl 1988 navegaba directo a la medalla de plata pero al encontrarse en el trayecto con un bote rival que había colapsado, decidió salvar a dos tripulantes. Su obra le valió obtener la medalla Pierre de Coubertin, otorgada a quienes protagonizan un hecho de buena voluntad.

En Munich 1972 el nadador estadounidense Steve Genter ganó tres medallas luego de superar una cirugía por una obstrucción pulmonar días antes de los Juegos, sin duda nadó a la inmortalidad.

Ocho años antes de los fatídicos Juegos en Alemania, Abebe Bikila sorprendió al mundo al ganar la prueba de la maratón descalzo. Nunca halló los zapatos con los que se sentía cómodo para correr a la gloria olímpica.