El estancamiento del poder político latino

El poder político de los hispanos en el estado de Nueva York está anquilosado. Esto es sorprendente. La población hispana del estado y de la ciudad continúa aumentando. Los hispanos representamos más del 17% de la población del estado y 28% de la ciudad. Los hispanos estamos sobrerepresentados en el Concejo Municipal de la ciudad en proporción a la población de ciudadanos adultos, representados equitativamente en el Senado Estatal, y levemente subrepresentados en la Asamblea Estatal. No empero, la capacidad de los hispanos para influenciar tanto la política pública como las instituciones gubernamentales es bastante flácida.

Esta debilidad política radica en la reducida participación política de los hispanos. Noto poco incentivo en la clase política para movilizar al electorado latino. No existe una iniciativa concertada para que esos latinos que cumplen con los requisitos para hacerse ciudadanos lo hagan. No existe esfuerzo sostenido para que los ciudadanos hispanos mayores de edad se inscriban para votar. Tampoco aparenta haber interés en que los latinos inscritos para votar lo hagan en cada concurso electoral. Solo aparenta haber un conformismo con conseguir el numero mínimo de votos necesario para ganar la contienda.

La complacencia electoral de nuestra clase política socava la influencia de los hispanos en Albany y en Nueva York. Un candidato podrá ganar un puesto de asambleísta con 9,000 votos, en un distrito donde sólo salen a votar 12,000 electores. Pero al negociar con colegas en la Asamblea que resultaron elegidos con 25,000 votos en un distrito donde salen a votar 35,0000 electores, estos pueden traducir y traducen esa diferencia en el número de votos en influencia. Peor es cuando se trata de obtener la atención de líderes políticos como un congresista, senador federal o el gobernador. El poder de convocatoria de los líderes políticos latinos se limita innecesariamente cuando la participación electoral de los distritos hispanos es pobre.

Además, al limitar sus bases electorales a hispanos solamente o a grupos hispanos en específico, los candidatos hispanos podrán conquistar puestos representativos que requieren un número menor de votos, como asambleísta o concejal. Pero a la hora de aspirar a puestos electos que requieren una base electoral mayor como congresista, contralor, alcalde, senador federal o gobernador, esos aspirantes políticos hispanos quedan cortos. Esto también limita la influencia política de los hispanos.

Hace falta una estrategia electoral a largo plazo; no de elección a elección, sino de década a década. ¿De dónde saldrá la iniciativa para formular y poner en práctica esta estrategia? Nuestra clase política tiene que formularla.