Una diplomacia realista

La ola de protestas por manifestantes islámicos ante las embajadas estadounidenses reflejan la volatilidad del clima político en esta área del Medio Oriente. Una situación que requiere una diplomacia flexible a los tiempos cambiantes, para mantener una presencia viable de nuestro país en la región.

Estados Unidos jugó un papel positivo en el progreso de la “primavera árabe” especialmente en Egipto y Libia, ayudando a dar fin largas dictaduras. Estos cambios eran inevitables, por eso era importante que Washington tuviera el ojo político para no quedar fuera de la jugada.

Este es un momento delicado en que cada país envuelto en estas transformaciones debe lidiar con los cambios que significan nuevos equilibrios de poder internos.

En Egipto, el nuevo gobierno de la Hermandad Musulmana camina una delicada cuerda para gobernar de manera que responda a las expectativas políticas sin caer en radicalismos. Mientras que en Libia un gobierno democrático -más secular- todavía no controla todo el país y menos a los grupos extremistas armados que quieren una nación islámica.

Ante este panorama, solo faltó la chispa de una película deliberadamente ofensiva para insultar a los musulmanes para prender fuego a la región. Hoy es necesario pasar esta tormenta, como se hizo con otras protestas anteriores surgidas, por ejemplo, por la quema accidental del Corán.

Como ya hemos dicho con anterioridad, aquí hay un conflicto entre el valor que se da al respeto a la libertad de expresión -incluso la más odiosa- con aquel que considera como sagradas la imagen de Mahoma. Este choque de valores -que ya se ha repetido varias veces- es ahora aprovechado por quienes tienen agendas más radicales.

Es importante no caer en la injusta generalización de que todos los musulmanes reaccionan con violencia ante esta situación.

Por eso, es necesario una cabeza fría y una perspectiva de realismo político. De nada sirve revivir conflictos centenarios con los musulmanes ni invocar el “excepcionalismo” estadounidense para pedir un liderazgo global patriotero y poco realista.

Impremedia/La Opinión