Romney, Obama y el recreo

Han sido unas semanas difíciles para Mitt Romney, y el que tiene la culpa es el propio candidato Romney. Nos ha dicho que a él no le importa el 47% de la población que no paga los impuestos sobre su ingreso, un grupo que incluye a los pobres, los jubilados, los que sirven en las Fuerzas Armadas, y los que se benefician de un crédito federal creado por un presidente republicano (Gerald Ford) y expandido por otro (Ronald Reagan).

Sin embargo, Romney quiere convencernos de que es un hombre del pueblo. Es fanático de las carreras NASCAR (porque tiene amigos que son dueños de equipos). Le gustan los autos americanos (su esposa tiene un… perdón… dos Cadillacs). Como millones de americanos desafortunados él también se encuentra desempleado.

Cada uno de estos deslices verbales es un regalito para la campaña del presidente Barack Obama. Lo pinta a Romney como un payaso político y le obliga al candidato del Partido Republicano gastar días valiosos conteniendo el daño.

Admito que quiero que gane Obama. Pero también quiero una verdadera conversación sobre los temas que enfrenta este país.

No soy tan ingenuo como para esperar que esa conversación sea un seminario universitario. Sé que sería un argumento con gritos y groserías. Tampoco espero un debate civil con mis adolescentes cuando se trata de temas serios y contenciosos. Pero por lo menos estamos enfrentando nuestras diferencias. Por lo menos terminamos entendiendo como piensa el otro, aún si no hemos resuelto nada.

Pero la campaña presidencial parece haber perdido la capacidad de generar una discusión sobre los temas importantes, ni siquiera una discusión incivil, inmadura, y grosera. Ahora la campaña consiste de trampas diseñadas para paralizar al otro, aun si es por un par de días.

Que pena que ésta campaña presidencial, en que se elegirá uno de los hombres mas poderosos del mundo, y en un momento tan importante, parece el recreo en una escuela primaria.

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