Preguntas sin respuestas

Lo mejor del debate presidencial de esta noche entre Barack Obama y Mitt Romney es que por fin ocurrirá. Lo peor es que a pesar de la importancia que los medios noticiosos le adjudican al evento político a la mayoría de los 314’497,000 de la cifra oficial de estadounidenses no les importa lo que tengan que decir los dos aspirantes. La proyección de televidentes que verán, lo que pudiera ser un sal pa’fuera verbal, es de unos 60 millones.

Si usted es una de esas víctimas debe tener bien claro que esto no es mucho más que un montaje por parte de los que manejan las campañas de ambos candidatos y los que organizan el evento. Añada los intereses del interrogador del evento de 90 minutos y es fácil comprender que esto tiene muy poco que ver con nuestro quehacer cotidiano. Considérese afortunado si escucha alguna pregunta que atañe a su vida.

El enfoque del encuentro en la University of Denver es acerca de la política doméstica. Es decir, asuntos que incumben al país en cuanto a temas de aquí. Ese tema presume que se hable de la economía y no teorías de cómo crear empleos que puedan ayudar la cartera familiar, el sistema de salud, la incertidumbre que reina sobre qué hacemos si nos enfermamos en este país que gasta tanto en invasiones, armamento y derroques de gobiernos.

Entre lo peor -y acerca de esto apuesto el cuello de mi peor enemigo- es que ninguna de las preguntas que nos concierne a la mayoría recibirá respuesta por parte de Obama o de Romney. Así que les advierto que no espere respuestas a las preguntas que usted se ha estado haciendo. Esto de los debates es tan sólo entretenimiento.

Bajofuego@eldiariony.com