Para mi hermosa sobrina Kaylen
Tú estás muy pequeña, y los recuerdos de tu padre algún día quedarán muy lejanos. Por eso te escribo. Quiero que el recuerdo de él siempre te quede cerca. Ahorita tienes tres años. Y es cruel que, tan Chiquita, hayas perdido a tu papa de treinta años. Nunca pensamos que tu padre se nos fuera tan inesperadamente.
Tu padre era para muchos de nosotros un guía, una persona admirable, una persona que nunca faltaba cuando más se le necesitaba. No solamente era el hermano mayor de nuestra familia, sino uno de mis mejores amigos. Quiero que sepas que él te amaba con un amor inmaginable. Cada vez que yo los visitaba a ustedes, lo miraba jugando contigo y dándote besos. Me decía que eres muy inteligente y, al mirarte, no me queda ninguna duda de que sí eres. Él me enseñaba fotos y videos de tí, haciendo tarea, bailando…
Si pudieras haber visto todas las amistades que se presentaron a su velorio esta semana, entenderías que faltaba un estadio para poder acomodarlos. Sus colegas nos ofrecieron palabras de consuelo, nos contaron como ellos y los alumnos de él sienten un hueco profundo. Mi hermano era el tipo de maestro que siempre sonreía y animaba a sus alumnos de secundaria que siguieran leyendo.
Sé que sabes que tu papá fue también músico y compositor. Tocaba el acordeón a toda hora, en toda fiesta. Por eso es que el día que lo enterramos, sus amigos, con los que había compartido el escenario, le cantaron hasta el final. Ojalá lo recuerdes cuando estés más grande así: tocando el acordeón. Y ¡qué maravilla era tu padre con el acordeón, cómo tú bailabas con tanto gusto!
Quiero que sepas que aunque él ya no esté con nosotros, todavía tienes una familia que te ama y nunca te dejaremos solitas, ni a tí, ni a tu madre, Migdalia. No dejaremos que te olvides de tu papá, porque él seguirá vivo en nuestros corazones y en nuestras memorias.