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Las pensiones dominicanas

Aparentemente, el destape de este drama se produjo de manera casual. Pareciera que Ivanhoe Ng Cortiñas, conocido entre sus socios de partido como arrogante y calculador, perdió los estribos al hacer una “jugada de último minuto” que le garantizara —sin trabajar ni invertir en negocios— un estilo de vida similar al que tuvo como funcionario élite del gobierno más permisivo de la historia post trujillista.

Sólo hubo un error en su plan, que estaba muy bien concebido y mucho mejor ejecutado. A la luz de la pasada administración, no había nada anormal en hacer un negocio que le dejara beneficios de casi RD$8 millones al año por el resto de su vida, y cuidado si más allá.

Y es que debemos reconocer que Ivanhoe no construyó un castillo de arena. No, él levantó una sólida estructura que podía resistir las inclemencias del tiempo; como lo hizo el ex convicto asesino Leonardo Matos Berrido, que se procuró una jugosa compensación por los meses que estuvo preso por la muerte de su media esposa.

El error del “chinito exótico”, de porte elegante y postura plástica, tiene nombre propio. El yerro se llama Danilo Medina. Pero no el Danilo que nació en un campo del suroeste nacional a principio de la década de los 50’s sino, Danilo Medina, el que se forjó en un partido de cuadros, un partido de esos que lo mismo generan una sarta de dirigentes sinvergüenzas, como una camada de hombres que en buen lenguaje callejero: “no cogen corte”.

El fallo de Ivanhoe consintió en no entender que un hombre que se mantuvo “back of the house” durante casi 8 años y que llegó al poder con una promesa tan inmensa como difusa, como es eso de “hacer lo que nunca se ha hecho”, no podía aceptarle ese inocente jueguito de rémora traviesa que él —Ng Cortiña— trataba de pasar de contrabando.

La realidad del país en materia de pensiones y jubilaciones es tan hedionda, vergonzosa y desigual, que tan sólo airearla de manera pública podría producir un levantamiento popular, de no sabemos qué consecuencias.

Imagínese usted que un alto funcionario de cualquier área del gobierno central o descentralizada, puede recibir de pensión hasta 200 veces el salario mínimo del país; esto, sin incluir las fortunas que como botín de guerra se llevan al momento de dejar el puesto, en forma de prestaciones laborales.

El asunto es sencillamente indecente. El presidente Medina debe propiciar un movimiento de revisión y adecentamiento del sistema de pensiones dominicano.

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