Otra educación es posible

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Según un ranking sobre educación realizado por la revista británica The Economist que analiza a 40 países, Estados Unidos figura entre los países con los sistemas educativos menos exitosos del mundo desarrollado

El listado lo encabezan Finlandia y Corea del Sur, a los que les siguen otros tres sistemas educativos asiáticos de alto rendimiento: Hong Kong, Japón y Singapur

El ranking fue elaborado en base a dos categorías: por un lado las habilidades cognitivas, que se miden en base a los resultados de los exámenes internacionales PISA, que se toman cada tres o cuatro años, y evalúan áreas como matemáticas, ciencias y la alfabetización.

Por otro, los logros educativos, en los que se incluye la tasa de alfabetización y la de graduación entre 2006 y 2010, es decir, cuántos alumnos terminaron el colegio.

Pero hablemos del campeón. Finlandia posee uno de los mejores sistemas educativos del mundo que empezó a reformar valientemente hace algo más de treinta años.

Los niños fineses tienen el lugar número uno mundial desde 2000, en que la prueba PISA comenzó a aplicarse a escala global. Los niños estadounidenses ocupan el lugar 17

Dice José Blanco que la polémica por la reforma comenzó con esta pregunta: ¿qué es necesario poner en el centro del sistema, el alumno o los conocimientos? Finlandia eligió sin discusión la primera alternativa. La idea es que un alumno feliz, bien desarrollado, adquirirá más fácilmente los conocimientos fundamentales

Es necesario explicar cómo los fineses pudieron hacer la maravilla que han hecho de su educación y que continúan mejorando, dice José Blanco, y señala unos cuantos de los hallazgos, que aquí reproduzco, sobre el sistema educativo finés

Una característica notable es que en Finlandia el impacto de las diferencias sociales sobre los resultados de los alumnos es el más bajo. Toda divergencia entre la escuela y la casa es borrada al máximo. Es un país donde las diferencias de capacidad entre los niños y niñas son las más bajas, y donde los alumnos tienen una valoración muy positiva de ellos mismos: el nivel de ansiedad relacionado con el aprendizaje de matemáticas por ejemplo, aparece claramente más bajo que en los otros países.

Uno de los criterios que el colegio de Niinivaara enfatiza en su autoevaluación es el sentimiento que tienen los propios alumnos de poder ser ellos mismos en toda circunstancia. Los niños comienzan normalmente el aprendizaje de la lectura hasta los siete años. Antes, cada día es dedicado a una disciplina pero los niños trabajan solamente durante la mañana. La tarde es reservada al juego, siempre organizado como aprendizaje.

Existen grupos de apoyo para los alumnos que muestran tener dificultades en una u otra materia. Además, se envía a la clase un auxiliar para apoyarlos.

Durante los primeros años de la escuela obligatoria (de siete a 13 años), el número de alumnos por clase no debe sobrepasar de 25. En el liceo, los grupos se forman en función de la inscripción de los alumnos: el tamaño de los grupos es variable.Y lo principal: la clase, como grupo de alumnos, no existe ya, enfatiza Blanco

El profesor no está ahí para dictar lecciones; está allí como un recurso entre otros. En una clase de finés las paredes están cubiertas con estantes de libros; no hay una sala que no tenga retroproyector, computadora, videoproyector, televisor y lector de devedés.

Finlandia quiere que los alumnos accedan al conocimiento con entusiasmo y eso sólo es posible si llegan a ser plenamente protagonistas de su aprendizaje. El profesor no está allí para hacerlo todo: él organiza, ayuda a los alumnos a aprender. Se pide al profesor controlar “la estructura de los conocimientos” en su disciplina, se espera sobre todo que favorezca el aprendizaje de sus alumnos en una atmósfera de tolerancia y respeto. Se le pide aún más: crear situaciones de aprendizaje variadas y estimulantes, no imponer nunca un conocimiento.

Nada de obligación, nada de pesadez. “No se puede forzar a los alumnos; es necesario darles posibilidades diferentes para aprender, para adquirir competencias. Por eso reina en las clases una atmósfera de sana cooperación, donde cada uno está en su lugar y tiene un papel en la construcción colectiva del conocimiento.

Hasta los nueve años los alumnos no son evaluados con notas. Sólo a esa edad los alumnos son evaluados por primera vez, pero sin emplear cifras. Después no hay nada nuevo hasta los 11 años. Es decir que en el periodo aproximadamente equivalente a la escuela primaria los alumnos sólo pasan por una única evaluación. Así, la adquisición de los saberes fundamentales puede hacerse sin la tensión de las notas y controles. Cada uno puede progresar a su ritmo, y sin la estigmatización de los alumnos más lentos.

¿Qué hacemos para que Estados Unidos pueda reproducir los hallazgos e innovaciones que llevaron a Finlandia a crear uno de los mejores –si no el mejor– sistema educativo del mundo?