La historia del racismo

La historia norteamericana es rica, bella, con muchos descubrimientos revolucionarios, de hombres y mujeres que lucharon desde lo más profundo de su ser para formar un sociedad moderna y bien organizada.

La historia norteamericana también es la historia del racismo aberrante que propicio un sistema de esclavos en pleno desarrollo del capitalismo

A pesar de que la película de Django es una narración ficticia del heroísmo de un negro que vivió antes y durante la Guerra Civil norteamericana, es también una expresión real de las contradicciones sociales de su sociedad.

En este sentido, Django nos muestra, tal vez con lujo de detalles, al racismo en sus tres niveles: racismo individual, sistémico y estructural.

El racismo en su forma individual es la expresión real de una persona que pertenece al grupo dominante de la sociedad.

Una persona racista cree y demuestra con su comportamiento su supuesta superioridad biológica y moral de su grupo étnico. De modo que expresa voluntaria y conscientemente su predisposición al prejuicio y a la discriminación racial.

En la película de Django, el hacendado y dueño de esclavos, personificado por Leonardo di Caprio, nos muestra a una persona racista en todo el sentido de la palabra. El hacendado no sólo cree que el papel de los negros en la sociedad es para servir a los blancos, sino que está convencido de que los negros están dotados biológicamente de un cerebro cuya naturaleza limita plenamente a la sabiduría y el conocimiento. Obviamente nada de lo anterior es cierto.

Por otra parte, el racismo en su forma sistémica es aquel ubicado dentro de los preceptos jurídicos de una sociedad organizada.

Un sistema de este tipo es creado por una mayoría de individuos racistas pertenecientes al grupo dominante. El sistema de educación, el mismo sistema político, las leyes, entre otras, demuestran los intereses de los grupos dominantes racistas.

Puede ser que una persona no sea racista, pero es forzado –por el sistema— a comportarse como tal.

Por último, el racismo estructural es aquel que difícilmente se aprecia pero tiene efectos nocivos sobre el individuo. Muchas veces el individuo no tiene conocimiento de sus efectos y se comporta en la sociedad como si los actos de discriminación fueran una cuestión natural y normal.

El capataz negro de la película, interpretado por Samuel L. Jackson, ofrece un ejemplo claro en la forma como las estructuras racistas (la cultura blanca, su religión, su filosofía, sus creencias etc.) lo tienen maniatado y le hacen creer y comportar como un miembro del grupo dominante.

Agustín Gurza, ex escritor de LA Times consideró a este fenómeno como “al racismo en su máxima expresión”, debido a que el individuo dominado (el negro) odia a su propia clase.

La sociedad norteamericana cambió mucho, pero sigue manteniendo facetas discriminatorias. Hay que seguir luchando.