Muerte en Bengasi y vergüenza en Washington

Muerte en Bengasi y vergüenza en Washington
La secretaria de estado, Hillary Clinton, declara ante el Congreso sobre Bengasi.
Foto: ap

Hace poco presenciamos una vergüenza en el Congreso. La secretaria de estado, Hillary Clinton, dio testimonio defendiendo el manejo del ataque contra el consulado en Bengasi hace cuatro meses.

Después de su discurso, fue cuestionada por senadores republicanos – John McCain, Rand Paul y Ron Johnson en particular– quienes insinuaron que la incompetencia y la insensatez de Clinton resultó en la muerte de cuatro oficiales americanos.

La acusaron de no haber protegido el consulado, de ignorar súplicas del consulado para más apoyo, y de haber confundido una manifestación con un ataque terrorista. Y la acusaron de haber ocultado los hechos después.

En este país, si la irresponsabilidad de uno –conduciendo borracho, ignorando la enfermedad de un hijo– resulta en la muerte de otro, es homicidio sin premeditación. Y si el irresponsable trata de ocultar su responsabilidad, es un crimen aún más serio.

Ninguno de los senadores dicen explícitamente que Clinton es culpable de cuatro homicidios. Sin embargo, las críticas, y la forma en que han sido dirigidas, se suman a precisamente esa acusación.

En una democracia es necesario debatir los objetivos de la nación en el mundo. Para los Estados Unidos es particularmente importante cuestionar los intereses norteamericanos en países como Libia. Esta es una polémica que de vez en cuando llega a temperaturas muy elevadas.

Pero cuando senadores usan una tragedia como la de Bengasi para ventaja política, y cuando lo hacen velando lo que es esencialmente una acusación de homicidio, estamos hablando de comportamiento que no tiene lugar en una democracia sana.

Deberíamos reconocer que el cuerpo diplomático norteamericano opera por todo el mundo. Quizás es preferible trabajar en la embajada en París o Beijing. Pero la gran mayoría de puestos son en países como Libia, Mali, Indonesia, Siria, Venezuela, Irak, Israel, Nigeria y muchos otros lugares peligrosos. De vez en cuando se sufren tragedias.

Si la reacción es la de los senadores republicanos, la democracia norteamericana sufre.