Serenidad para lograr bienestar

Dar vida a nuestros sueños requiere de trabajo y mucha serenidad.

Cuando escuchamos de otras personas que es necesario vivir con tranquilidad, casi de manera inmediata asumimos que quien nos lo dice carece de sueños y de ambiciones en la vida, pues difícilmente una persona que anhela un porvenir mejor puede mantenerse sin preocupaciones. No obstante, la clave de los grandes éxitos se encuentra justamente en la serenidad que cada individuo pueda generar en sí mismo.

Si bien es cierto que trabajar a favor del bienestar material y personal representa un gran esfuerzo que nos obliga a disponer de todas las habilidades físicas e intelectuales que se poseen, no hay que perder de vista que los sueños deben ser motivo de ilusión y felicidad y no en una causa de intranquilidad.

La forma en que las metas se transforman en obligaciones, es a veces tan sutil que difícilmente somos capaces de percibirlo, damos por hecho que tenemos que cumplir al cien por ciento con cada una de ellas o que de lo contrario, nos convertimos en unos seres incompletos e incapaces de lograr cualquier cosa, por sencilla que parezca.

Darle vida a los ideales es cuestión de tiempo, de trabajo y especialmente de serenidad, ya que esta última permite pensar, tomar decisiones con claridad, y cambiar el rumbo hacia tierra firme cuando las cosas no salen como se habían planeado. Evitar perder el sentido de la alegría por buscar el bienestar es la diferencia entre caer en la desesperación y conservar la tranquilidad.

Al planear un objetivo se dedica tiempo para definir qué elementos deberá considerar para llevarlo a cabo, como el tiempo que invertirá, las estrategias; y esto requiere de su total atención, sin embargo, es recomendable que su vida esté llena de situaciones que le hagan mantener su mente y su agenda ocupada, así habrá motivos para sentirse pleno aunque a veces se presenten situaciones difíciles.

Esto lo explica Elisabeth Lukas, autora del libro “El sentido del momento”, Editorial Paidós: “Quien dedica toda su atención a una única actividad o a un único objeto de valor se está programando a sí mismo hacia la ‘desesperación’. Porque, como es sabido, todo lo terrenal se puede perder, y si se absolutiza, es decir, si se arranca de su validez e importancia relativa y se declara como uno y único, cae con él todo lo bueno y lo malo que se ha absolutizado. Así por ejemplo, un exagerado afán por el trabajo desemboca en un domingo insoportablemente aburrido o en una jubilación ociosa.”

La autora recomienda organizar la vida introduciendo variedad; dedicándose por ejemplo, a la música, manteniendo contactos sociales, planeando nuevos objetivos y, en general, manteniéndose abierto al mundo, de este modo es menos probable caer presa de la desesperación cuando se presenten situaciones poco favorables.

“No se trata de querer abarcar muchas cosas a la vez, sino de concentrarse totalmente en lo esencial. Pero lo esencial siempre viene a nuestro encuentro en forma de múltiples facetas. No nace únicamente a partir de un bien terrenal ni tampoco desaparece con él”, agrega la psicoterapeuta.

Es normal que tras una desilusión, del tipo que sea, casi en automático lleve a pensar que no vale la pena seguir y que haya frustración, no obstante, es necesario romper tan pronto como sea posible con ese sentimiento. Pasar por momentos de enojo es hasta cierto punto sano, ya que dan la oportunidad de exteriorizar lo que causa molestia, lo que no es positivo es hacer de él una forma de vida.

La serenidad está ligada a las buenas decisiones, con la oportunidad de volver la vista atrás y recordar los buenos momentos de la vida, y a partir de este punto pueda valorar su esfuerzo y sus capacidades.

Colaboración de Fundación Teletón México

“La prudencia empodera las palabras”

bojorge@teleton.org.mx

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