Salvemos los partidos políticos

El conflicto sigue presente en el Partido Revolucionario Dominicano, la insensatez y el egocentrismo son los principales escollos para que prime la cordura en el seno de ese partido. Estas hostilidades descabelladas se producen en el momento que el país requiere y necesita de un liderazgo mesurado e incluyente, que sea capaz de sentarse a conversar.

Estas discusiones sin sentido en nada colaboran con el debate político, por el contrario, están lacerando los agravios que más tarde resultarán difíciles de resarcir. Esta actitud obcecada, ese comportamiento hostil tanto de Vargas Maldonado como de Hipólito Mejía, causa un daño inconmensurable a la integridad de esa agrupación. Una organización que ha sido protagonista de tantos capítulos gloriosos en la historia de la patria, es lamentable que se sucumba justamente por culpa de dos de sus hijos más destacados en la actualidad, los cuales deberían dar ejemplo de comedimiento y compostura ante los demás compañeros y el país.

Es inadmisible que estos dirigentes se obstinen en perjudicar su propia agrupación. Es obvio que si anteponen sus particulares intereses o si por simple necedad decretan el deterioro de esa importante entidad de la democracia, entonces las bases no vacilarán en recriminar a los responsables de ocasionar esta escabrosa situación que va a propiciar inexorablemente el devastador fantasma de la división. Es apremiante que estos líderes perredeistas se incorporen a la mesa de la negociación a dilucidar sus diferencias con altura, desprendimiento y humildad porque una confrontación entre compañeros de partido, sin duda constituye el peor absurdo político.

Es asunto de utilizar un poquito el sentido común: organizarse para celebrar una convención, cosa que está establecido en sus estatutos, y así de una manera decente y civilizada darle la oportunidad de elegir a la mayoría que por razonamiento lógico, es la que siempre decide, domina y triunfa.

No hay duda que el vehículo más idóneo para que una auténtica democracia funcione, es la existencia de las parcelas políticas, para que haya alternancia, equilibrio y equidad en la vida republicana de un país.

Los políticos deben olvidarse un poco de sus ambiciones personales y pensar en servir al bien común a través de sus respectivos partidos. Cuando ellos conviertan estas agrupaciones en organismos funcionales, el pueblo sabio observará esto como una acción patriótica, fundamentalmente porque van a contribuir con el fortalecimiento de la democracia y por consiguiente, con el bienestar de la nación.