Mariano Rivera, añejo como el vino

El mejor cerrador de la historia salió al campo y recibió una tremenda ovación
Mariano Rivera, añejo como el vino
Mariano Rivera, volvió y cumplió.
Foto: AP

NUEVA YORK — El frío invernal se ancló en abril y cedió apenas una nada en la noche del Bronx porque sabía que aún faltaba historia por escribirse en el último juego de la serie de inicio de temporada entre Medias Rojas y Yankees.

Con la serie perdida, a los ‘Bombarderos’ sólo les quedaba jugar por el orgullo de evitar la limpia en casa ante el odiado Boston. La estrategia consistía en recurrir a los viejos remedios que forjaron los campeonatos de épocas recientes.

El brazo del eterno Andy Pettitte fue comisionado para cumplir con la tarea. Y no defraudó.

En labor de ocho entradas, el diestro lanzó pelota de ocho hits, permitió una carrera y ponchó a tres para mantener a raya a los bates del Boston que ya habían vapuleado al Yankees durante dos días de asedio.

Pero la razón por la que permanecieron el frío y los más de 40 mil aficionados que lo aguantaron en el Yankee Stadium, estaba por llegar.

A 11 meses de una lesión en la rodilla que casi lo retira, Mariano Rivera se levantó a calentar el brazo para salir a cerrar su primer partido de su última temporada como pelotero profesional.

Pettitte sacó los outs 22, 23 y 24 del partido. La octava entrada se fue. Era el momento para que ‘Mo’ volviera.

La canción ‘Enter Sandman’ de la banda de rock pesado ‘Metallica’ volvió a rugir y a estremecer el estadio para anunciar que el hombre que pone a sus rivales a dormir estaba en camino. La gente se levantó. La gente gritó. La gente aplaudió. Rivera, el ídolo panameño de 43 años, trotó rumbo a la loma como lo ha hecho durante 19 temporadas.

“Hubo muchas emociones pasando por mí mientras salía del bullpen; debí controlarlas porque aún debía cerrar el partido. Pero fue maravilloso. Esperé por casi un año para subir al montículo y hacer el trabajo”, dijo Rivera después del partido.

Aunque se complicó al regalar un pasaporte y permitir una carrera, el número 42 de los Yankees corrigió el rumbo y dejó quieto al novato Jackie Bradley que se ponchó para que cayera el último out del partido.

Mariano cerró la primera victoria de los Yankees en el año, la que salvó el orgullo en este difícil inicio de temporada, la que trajo de vuelta la voz del desaparecido Frank Sinatra al estadio para cantar “New York, New York”, la que hizo pensar en los viejos días cuando la incertidumbre no abundaba como hoy en la pelota del Bronx.

“Ese último out se sintió muy bien. Estoy agradecido con Dios y con mis compañeros que me dieron la oportunidad de lanzar esta noche”, comentó el pitcher.

La ocasión no pudo ser más especial. Pettitte y Rivera se combinaron para su victoria número 69 y superar así la marca que permanecía en los anales de la Gran Carpa desde 1969.

“Siempre quiero salvar el partido para cualquiera que salga a lanzar. Pero tratándose de Andy, es especial porque hace el trabajo que él sabe hacer y me permite cerrar el partido. Jugar con él de nuevo fue bueno. Andy estuvo tremendo esta noche. Ese es el Andy que conocemos”, expresó el panameño.

La espera para que este momento llegara fue dura, como explicó Rivera.

“Nunca dude que iba a volver a lanzar. Pero hubo veces que por la terapia y el dolor yo me cuestionaba si en verdad valdría la pena volver. Aunque al mismo tiempo el amor y la pasión y el empuje que siento por el juego de pelota me motivaron a continuar”, dijo.

Rivera había anunciado que se retiraría la temporada pasada, pero un desgarre de ligamentos en la rodilla lo dejó fuera y con un mal sabor de boca.

Poco a poco, el mejor cerrador que ha visto el béisbol de la gran carpa fue retomando la confianza para volver a vestir los ‘Pinstripes’ Yankees en un partido con la seguridad de que podía cumplir con la faena una última temporada.

“Estaba ansioso por volver. Pero también tenía que ser paciente porque no podía volver sin estar seguro que estaba al 100 por ciento”, explicó.

La pregunta es, ¿estás ahora al 100 por ciento?

“¡Si señor!”, cerró.