Fracaso sobre las armas

El fracaso en el Senado de aprobar un mayor control en la venta de armas refleja el abismo que existe entre el poder político de Washington y el resto de la población.

La masacre de más de 20 niños y seis adultos en Newtown sacudió a la opinión pública haciendo que nueve de cada diez estadounidenses respalden la averiguación de antecedentes en la venta de armas. Sin embargo, la medida cayó derrotada por no lograr 60 votos, según la norma establecida para prevenir un bloqueo parlamentario de más de una docena de senadores republicanos.

Este fue un triunfo de la campaña de mentiras lanzada por la Asociación Nacional del Rifle para derrotar una diluida versión bipartidista del proyecto original que fue negociada por dos senadores moderados.

También se repitió la hipocresía que se dice en estos casos, de que este proyecto no hace nada con respecto a los delincuentes y que ya hay suficientes leyes en los libros. Estos legisladores son los mismos que debilitan adrede a las agencias federales a cargo de hacerlas cumplir. Ayer ni siquiera pasó una tibia medida que aclaraba las leyes sobre el tráfico de armas.

Las armas de fuego siempre han sido un tema espinoso que divide al país en geografía y demografía. El horror de la escuela Sandy Hook estremeció la conciencia ciudadana, cuando un joven con problemas mentales mató con un arma semiautomática y sembró la muerte entre los niños.

Este hecho fue suficiente para transformar la opinión pública aun a cuatro meses de la matanza. Es vergonzoso que ese cambio no se refleje en sus representantes. Es indignante que los legisladores estén más temerosos del músculo político del NRA que del desengaño de sus representados; que acepten las mentiras de los cabilderos en vez de enfrentarlos con la verdad.

Cabe preguntarse si Sandy Hook no fue suficiente para brindar una pizca de sentido común sobre las armas de fuego: ¿Cuántas decenas de niños más deben ser asesinados para lograr un cambio razonable?

La Opinión/ImpreMedia