Las elecciones en Venezuela no importan

Las elecciones en Venezuela no importan
Multitudinaria protesta poco antes de la muerte de Hugo Chávez.
Foto: ARCHIVO

Venezolanos acaban de elegir otro presidente. Nicolás Maduro ha sido declarado el ganador, por un margen pequeñísimo, contra Henrique Capriles.

El ganador es irrelevante. Pero esto parece ser un punto sin partidarios en Washington, donde el canciller estadounidense, John Kerry, coincide con Capriles en pedir que los votos sean recontados.

Uno no tiene que ser chavista –yo definitivamente no lo soy– para ver el error de Kerry.

Recordemos que en la elección entre Chávez y Capriles el año pasado no se criticaron los resultados. La oposición los auditó con miles de observadores.

Chávez había ganado por un margen ancho; tenía poco sentido cuestionar el resultado. Esta vez, Maduro ha ganado oficialmente por un margen extremadamente estrecho, y hay la seria posibilidad de que el verdadero ganador fue Capriles.

Pero lo importante es el margen, no el ganador, porque revela que Venezuela es un país profundamente dividido. Es una división reflejada en los altos de la política; aunque Maduro afirma que ganó por un pelo, habla como si la oposición fuera una enfermedad que tiene que ser eliminada.

Pero las divisiones que cuentan se ven en la calle, en la violencia, el crimen, los cacerolazos, y los secuestros.

Son divisiones que permanecerían aún si la Comisión Nacional Electoral volcara el resultado. Ya no importa si es Maduro o Capriles. Lo que importa es el odio, el resentimiento y los antagonismos que remojan la vida cívica en Venezuela. Solo enfrentando esos problemas será posible reconstruir una sociedad y un sistema político capaz de manejar los enormes retos económicos y sociales que quedan por adelante en Venezuela.

El error que ha cometido Kerry es de no reconocer la profundidad de la crisis venezolana.

Tal como el resultado electoral no importa, una intervención estadounidense con un sabor partidario no ayuda.

Hoy lo que se necesita desde Washington es una solidaridad con el pueblo venezolano – chavistas y antichavistas – para apoyar el proceso largo y duro de la reconciliación.