Raptadas de Cleveland vivieron drama de embarazos forzados

Las víctimas de violación atraviesan por un horror cuando resultan embarazadas
Raptadas de Cleveland vivieron drama de embarazos forzados
Amanda Berry (izq.) y Georgina 'Gina' Dejesus, permanecieron secuestradas por una década. Berry quedó embarazada tras ser violada por su secuestrador.
Foto: AP

NUEVA YORK — El dramático caso de las cautivas de Cleveland, puso en mesa de discusión los desafíos de mujeres que eligen, o son obligadas, a no interrumpir un embarazo luego de una violación.

Ariel Castro, un exconductor de autobús escolar, mantuvo a Gina DeJesus, Amanda Berry y Michelle Knight encerradas y atadas durante una década, golpeándolas y violándolas repetidamente.

El hombre, de 52 años, le provocó unos cinco abortos a Michelle Knight, haciéndole pasar hambre durante semanas y dándole puñetazos en el estómago. El suplicio de Berry no se limitó a los escalofriantes abusos. La violó y embarazó. Luego, la forzó a dar a luz en una piscina de plástico. La mujer es madre de una niña de seis años, que según los resultados de ADN, confirman la paternidad del secuestrador de Cleveland.

Organizaciones que ayudan a víctimas de violencia, destacaron que el terror sicológico, limitada economía, salud deficiente y abandono familiar son algunas de las terribles situaciones que cientos de mujeres encaran al optar por mantener el embarazo luego de ser abusadas sexualmente.

Podría ser el caso de Maritza, que influenciada por las arraigadas creencias religiosas de su familia, continuó la gestación al ser violada siendo adolecente. La mujer centroamericana, residente de Long Island, declinó la responsabilidad de criar al bebé y lo entregó a su madre. Tener al niño en brazos la traumatizaba al recordar la furia del agresor durante el ataque.

Pasaron 17 años desde que dio a luz, pero Maritza aseguró que las memorias del hecho violento no desaparecen, situación que constantemente la enfrenta a sentimientos divididos entre el amor por su hijo, y el rencor y la frustración por las situaciones que la forzaron a ser madre. Maritza es una de las 15 mujeres, que afrontaron un embarazo luego de una violación, que actualmente reciben ayuda en la organización Servicios para el Empoderamiento de la Mujer (SEPA Mujer), en Long Island.

Martha Maffei, directora de SEPA Mujer, destacó que el drama de Cleveland apunta a casos de violencia y abuso que escapan a la atención pública.

“Atendemos mujeres abusadas por un desconocido al cruzar la frontera. Sin dinero, familia y acceso a servicios médicos, el embarazo se vuelve una carga pesada que asumen en completo abandono”, enfatizó Maffei.

La activista destacó que son más frecuentes los casos de abuso sexual dentro del núcleo familiar, hecho que agrava el trauma de la víctima, al conocer y convivir con su agresor.

“Una mujer violada que elige tener al bebé es doblemente victimizada cuando se trata del escrutinio público”, dijo Maffei. “Explicar a la familia los detalles del embarazo o revelar al hijo la identidad del padre, es una situación dolorosa y estresante”.

Maffei, con 18 años ofreciendo servicios a mujeres víctimas de violencia, puso en relieve el abuso sexual dentro del matrimonio o la relación de pareja.

“Féminas abusadas por el esposo o el novio podrían enfrentarse a la negación familiar, los prejuicios imperan y el sexo forzado aún se considera normal en ciertos nichos sociales”, recalcó.

Diana Méndez, coordinadora del programa para mujeres de Voces Latinas, destacó que muchas de las víctimas no saben que viven una situación de abuso, hecho que las imposibilita para pedir ayuda. Recalcó que varias féminas llegaron a la organización casualmente, o para practicarse pruebas de VIH. Luego de recibir orientación sicológica reconocieron su situación de violencia.