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La economía, estúpido, la economía

En la historia de la humanidad hemos tenido una serie de líderes que, en un determinado momento, pronunciaron frases que se han hecho inmortales. Desde el “Veni, vidi, vici” (llegué, vi, vencí) de Julio Cesar, al “Sangre, sudor y lágrimas” de Winston Churchill. En la campaña electoral entre George H Bush y Bill Clinton se hizo famosa la frase de este último: “La economía, estúpido, la economía”

Los Estados Unidos de América, desde sus comienzos, ha sido un país forjado y habitado por inmigrantes.

Motivos políticos, religiosos y económicos entre otros, llenaron el país de gentes llegadas de cualquier lugar del planeta. Habían vivido la pobreza en sus entrañas, las dictaduras en sus vidas, el dolor del hambre en sus familias.

Y comenzaron la búsqueda de una nueva vida, una nueva oportunidad. Esta nación los acogió. Con su esfuerzo la hicieron grande. Se sintieron parte de ella.

Pero los tiempos cambian. Los que vinieron hace decenas de décadas se olvidaron de dónde y por qué vinieron a los Estados Unidos. Se creó una sociedad del bienestar. Se acomodaron a vivir bien.

El hambre, la miseria, las dictaduras, las persecuciones han seguido presentes en muchos países. Ello ha obligado a muchos seres humanos a buscar nuevas oportunidades, nuevos horizontes. La emigración es la aparente solución para muchos de estos problemas. Y, obviamente, el país del Norte es la meta para muchos.

La llegada de inmigrantes fue recibida en un primer momento con alivio. Llegaba mano de obra barata para limpiar, recoger cosechas, acarrear basuras, llenar factorías con obreros con salarios por debajo de lo legal y justo.

Ironías de la vida, en el país hecho de inmigrantes llegados de todo el orbe, los inmigrantes son un problema: no sabemos quiénes y cuántos son, les etiquetamos como alborotadores, vagos, pretenden cambiar las esencias del espíritu americano.

Los presidentes han tratado de legalizar estos seres humanos trabajadores, luchadores, constructores del país. Carter hizo un intento. Reagan dio una amnistía. Los demás, promesas, promesas y más promesas.

En el Senado se acaba de aprobar una propuesta de Ley de Inmigración larga y compleja. Con suerte, dentro de dos años tendremos una ley, o algo que se le parezca. Y eso porque se acercan las elecciones de congresistas y senadores.

Al contratar un indocumentado los dueños de negocios y factorías establecen los salarios a sus conveniencias. No importa lo que indiquen las leyes federales. Los obreros no van a protestar por la cuenta que les tiene. ¿Estarán dispuestos los empleadores a cumplir las leyes del salario justo con inmigrantes legales?

La Reforma de Inmigración pasa en definitiva por el bolsillo, por la economía. Vamos a tener inmigrantes documentados, pero también más factorías en Viet Nam, Bangladesh, y Tailandia. No veremos muchas factorías en China. Su estúpida economía es más fuerte que la nuestra.

Respetemos los inmigrantes, no juguemos con su dignidad. Luchemos con y por ellos.

Tertuliasiglo21@aol.com

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