Despedida para un dictador

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Despedida para un dictador
Un hombre lee un diario con la noticia de la muerte del exdictador Videla.
Foto: Archivo / EFE

Cuando muere un dictador, lo que deja atrás pocas veces puede contenerse en un simple pensamiento o en una emoción, en particular para los que vivieron el cautiverio y la tortura. Muy de mañana el 17 de mayo, se anunció la muerte de Jorge Rafael Videla, de causas naturales, desde la cárcel argentina Marcos Paz, donde servía una cadena perpetua sin derecho a libertad condicional, por crímenes de lesa humanidad. Tenía 87 años de edad.

El lunes siguiente, activista pro derechos humanos y poeta Alicia Partnoy, una de las personas que sufrió bajo el régimen de Videla, conversó con Jennifer Ludden,de la radio pública nacional, NPR.

“Lo leí primero de una amiga que estuvo encarcelada conmigo, una sobreviviente, y ella dijo que Videla había muerto. Que no se había arrepentido. Me han preguntado si lo que siento es alegría. A mí me parece que la alegría es una emoción demasiado amplia para una persona que fue una entidad tan destructiva. Lo que sentimos es alivio. A veces, cuando otros autores de genocidio morían, otros que habían participado en la muerte de mis amigos o en la tortura realizada en La Escuelita, sentíamos ultraje, porque murieron sin ser sometidos a justicia. Pero con Videla, al menos el peor de todos, él estaba encarcelado. Había sido condenado”.

En 1976, el general Videla lideró una junta militar que durante los siguientes seis años desaparecieron miles de disidentes argentinos, torturados y asesinados. El 12 de enero de 1977, llegaron para llevarse a Alicia Partnoy. Fue detenida, dejando atrás a una hija de 18 meses, y transportada a un campo de concentración conocido como La Escuelita, donde fue golpeada y torturada. Durante tres meses y medio tuvo los ojos vendados. Después de ser transferida a varias otras cárceles, en 1979 fue liberada. Se asiló en los Estados Unidos donde se reunió con su esposo y su hija. Escribió sobre los horrores por los que pasaron ella y otros en un libro titulado, La Escuelita, relatos testimoniales.

El libro de Alicia entró como evidencia en los Juicios por la Verdad en Argentina, y formó parte de la condena y el encarcelamiento de los que violaron los derechos humanos bajo el régimen de Videla. No obstante, esto no es suficiente como para permitir que Alicia todo lo deje atrás. “Me parece que se valora exageradamente el concepto de sanación. Pero yo sobreviví, gracias a la solidaridad de la gente y gracias a cosas como las que estamos haciendo hoy día. Lo que quiero decir es que nos silenciaron. A nosotros – intentaron desaparecernos. Entonces, ya él no es más de este mundo, y aun podemos hablar de sus delitos y denunciarlo y asegurarnos que no se vuelvan a repetir (sus crímenes)”.

Alicia Partnoy actualmente es profesora asociada en la Facultad de Lenguas y Literaturas Modernas en la Loyola Marymount University, y continúa obrando por rectificar algunos de los delitos cometidos por Videla.

El año pasado, además de las previas condenas por asesinato y tortura, se volvió a condenar a Videla por el secuestro de bebés de las mujeres encarceladas bajo su régimen. “…Él murió guardándose ese secreto.

Entonces, ésa es una de nuestras mayores quejas con estas personas cuando se mueren, que se mueren guardando silencio y nunca nos dicen lo que hicieron con estos niños, lo que hicieron con esos cadáveres. No se arrepiente, ni tampoco ofrece información, y muchos de ellos – y la mayoría no entran a formar parte de los juicios, los cuales llamaron juicios por la verdad. Nosotros, los sobrevivientes, somos los que decimos la verdad, pero él nunca abrió la boca para decirnos lo que hicieron.”