La maldad de la política partidista

La política partidista amenaza la reforma migratoria y con ella, a millones de familias. Como el proyecto de ley arreglado entre los dos partidos en el Senado atraviesa el debate en el pleno del Senado, donde los demócratas tienen la mayoría, el presidente Obama llevo a cabo una conferencia de prensa donde fundamentalmente aceptó todo crédito para este logro. Los republicanos en la Cámara de Representantes reaccionaron y regresaron a sus posicionamientos racistas de costumbre, aprobando proyectos represivos y hasta intentando quitar los aplazamientos de deportación de medio millón de soñadores.

Ojala que podamos ver un proyecto de ley demócrata-republicana en la Cámara de Representantes la semana que entra. Ojala que los republicanos no se olviden del noviembre pasado, que el presidente republicano de la Cámara de Representes permita que se vote sobre el proyecto de ley en el pleno de la cámara baja.

Mientras que nos enoja la reacción republicana, no tenemos muchos sentimientos buenos para los demócratas y el presidente. La demora de un proyecto de ley combinado en la Cámara de Representantes se puede culpar a los demócratas, que esperaban poder aprobar su proyecto en el Senado y luego obligar a los republicanos en la cámara baja a que lo aceptaran, con el fin de ganar una ventaja con el voto latino en las elecciones legislativas de 2014. Debemos dejarles saber que no nos dejaremos engañar.

El presidente Obama tuvo su oportunidad de ejercer su liderazgo en este asunto. Pudo haber logrado la aprobación de una reforma integral de las leyes de inmigración en su primer mandato como presidente cuando gozaba de mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. Pero optó por no intentarlo. En vez de hacerlo optó por “reducir la ocupación” de los ciudadanos estadounidenses deportando a millones de latinos indocumentados, en el proceso destruyendo sus familias y atormentando a sus hijos. Escogió esta manera de reducir el desempleo en lugar de reducirlo por medio de proyectos de empleo basados en la reconstrucción de la infraestructura de las ciudades. ¡Prefirió ayudar a los bancos!

El presidente botó su oportunidad de actuar como un líder. Actualmente lo único que puede hacer es provocar una guerra partidista que al fin y al cabo podría descarrillar la reforma migratoria. Debemos dejarle saber que, si la reforma no se logra, él va a sentir la verdadera presión del pueblo. Esta semana decenas de organizaciones se unieron con la Familia Latina Unida en hacer un llamado para que se suspendan las deportaciones mientras que el debate sigue en el Congreso.

El presidente debe suspender las deportaciones. Debe poner alto a las 1,400 familias destrozadas. También debe parar las auditorías de las empresas por parte de I.C.E. que causan que los empleadores despidan a sus trabajadores cada semana. Conforme con el lenguaje del proyecto de ley en el Senado, para legalizarse y a sus familias, los trabajadores van a tener que comprobar que han estado trabajando todos los días. En otras palabras, lo que es un delito hoy, será obligatorio en tal vez unos cuantos meses. ¡Alto a las auditorías!

Lo más importante es que dejemos saber al presidente de lo que pasara al no aprobarse una reforma migratoria este verano. ¡No va a gozar de un momento de paz! Hemos avanzado demasiado por la legalización, no queremos que se pierda por una política partidista.