Los ecuatorianos de EEUU no somos fichas de juego

En la escuela de mi país, de memoria o a reglazo tenía que saber las fronteras y que venia acompañado de una bandera e himno para diferenciarnos de los otros que muy orgullosamente nos sentíamos únicos en este mundo. Gracias a estos símbolos de la patria amada y que ahora ese sentimiento de orgullo nacionalista es más utilizado para el mercadeo político y comercial en la era globalizada.

Las guerras mundiales, las de la región, y disputas internas de cada territorio que se identifica por estas imaginarias líneas limítrofes, han sido puestas sus banderas en el frente de cada batalla o utilizada en los uniformes, vehículos, aviones, mochilas y paquetes de comida. Y que al final han sido pisoteadas por sus enemigos o quemadas en señal de victoria, dejando ese sentimiento de humillación al otro bando de seres humanos.

En la actualidad no ha cambiado mucho. Por ejemplo, en nuestro continente americano, la que predomina como nación, que controla o tiene influencias sobre cada una de las otras banderas que dicen ser soberanas, tienen de alguna manera cierta dependencia por su tamaño de territorio. Algo así como lo eran los imperios antiguamente, como por ejemplo los del sur de América.

Argentina, Brasil, Chile, y Perú están entre los más grandes por su tamaño en acuerdos comerciales que benefician a las dos partes y están siempre en mejor desarrollo que los restantes. Sin embargo por su menos tamaño hay países que como Bolivia o Ecuador tienen el lujo de sentirse auto suficientes o auto sustentables. En su economía a mas de poner sus banderas en alto para menospreciar la bandera como por ejemplo de los EE.UU., principal nación que compraría sus productos y generaría fuentes de trabajo en sus respectivos países, a mas de que millones de sus ciudadanos vivimos en este otro lado de la frontera que no es nuestro país y que nos provee trabajo y bienestar a nuestras familias tanto acá como con los dólares que enviamos a los respectivos países.

Otro ejemplo más sorprendente es cuando un presidente como el de Ecuador, en constantes interlocuciones con la prensa de su propio gobierno y privados expulsa discursos insultantes a los representantes de otros gobiernos. En particular a EE.UU., sin importarle que acá vivimos aproximadamente un millón y medio de ecuatorianos de acuerdo a nuestra representante por los migrantes Ximena Peña, que por cierto no se sabe de dónde saca ese número. Lo que sí sabemos es que enviamos un promedio de más $2.5 mil millones anuales al país.

Los ecuatorianos acá no sirven a la comunidad para obtener beneficios en común, más bien nos dividen mas por lo tanto le conviene seguir manteniendo parte de la población en este país en donde estamos y eso de la reforma migratoria que los congresos, asambleas o presidentes que emitan pronunciamientos a favor nuestro es pura baba o demagogia.

Si de verdad quisieran ayudarnos estos soberanos, deberían hacer una reunión especial de todos los países de la región americana para solicitar y exponer la violación a nuestros derechos humanos que está sucediendo en este gran país, con las deportaciones y separación de familias. Y no solo participando en desfiles que duran unas dos horas, se toman las fotos como padrinos, madrinas, reinas y los vemos el otro año.