¿Donde están nuestros líderes?

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La cifra de deportaciones durante la administración del presidente Obama alcanzará a dos millones este mes. Prácticamente todos los años de la presidencia de Obama las esperanzas han subido solo para ser aplastadas después. De hecho, los únicos avances que hemos logrado vinieron cuando al presidente le hemos aplicado suficiente presión para que utilizara su poder ejecutivo para frenar las deportaciones, es decir, la política de discreción procesal y los aplazamientos que les ofrecieron a los soñadores.

Pero, ¿cuál será la verdadera posición del presidente?

Me causó frustración enterarme de que la administración de Obama presionaba al gobernador de California para que no firmara el proyecto de ley que proveia licencias de conducir a la comunidad indocumentada. Cuando algunos gobiernos municipales lucharon para resistir la presión para que sus policías cooperaran con el programa federal “Comunidades Seguras”, la administración de Obama los presionó con amenazas de quitarles sus fondos federales.

Y ahora la parálisis en Washington sigue demorando cualquier avance legislativo. Pero las deportaciones continúan.

Hay unas cuantas organizaciones que siguen, en una forma constante, exigiendo el fin inmediato de las deportaciones. Pero la mayoría de las organizaciones pro derechos migrantes, latinas y sindicales se han convertido en instrumentos para el Partido Demócrata. Han organizado campañas de cabildeo en distritos republicanos, cuyos curules están ocupados por congresistas que también son los blancos para el partido demócrata en las elecciones próximas. Esta estrategia no está dando resultados.

A la vez que la mayoría de estas organizaciones están haciendo la labor del partido demócrata nos dicen que no debemos retar al presidente con su record de deportaciones. Nos dicen que debemos volver más “políticamente sofisticados” y participar más en el proceso político, al lado del partido demócrata.

Muchas de las organizaciones que ejercen liderazgo en nuestra lucha reciben millones de dólares del gobierno y de fondos caritativos vinculados con el partido demócrata. Todos debemos recordar que las marchas no fueron iniciadas por las organizaciones con fondos, de hecho, tuvieron que correr para alcanzar el nivel del pueblo.

Esta clase de “sofisticación política” nos ha hecho impotentes. Debemos dejarnos dirigir por la verdad y no la politiquería. Debemos establecer una fecha limite firme del 1 de diciembre para que se acaben las deportaciones, sea por acción legislativa o por el presidente, y a los dos millones de deportados debemos enfrentarlos con dos millones en las calles. Luego debemos convertir nuestras iglesias, nuestras ciudades y nuestros estados en santuarios de resistencia.

Los demócratas deben aprender que si desean nuestros votos se los tienen que ganar. Y eso significa defender a nuestras familias, no simplemente echando toda la culpa a los republicanos mientras que una administración de su propio partido demócrata deshace nuestras vidas y el futuro de nuestros hijos.

Existe un movimiento de fe, familia, y la próxima generación que surge de nuevo para exigir que se deje a un lado la politiquería partidista, se terminen las deportaciones, la militarización de nuestras fronteras, y se apruebe una legalización. Si nuestros supuestos líderes no cooperan con esto, deben ser remplazados.