Reinventando la inmigración en California

El gobernador de California, Jerry Brown acaba de firmar tres proyectos de ley con la intención de dar poder a los inmigrantes ilegales —otorgándoles licencias de conducir, permitiendo a los que se gradúan de la escuela de Derecho que obtengan licencias para ejercer y frenando el grado en que la policía local y estatal cooperan con los agentes de inmigración federales. Pero el gobernador vetó otro proyecto de ley que hubiera permitido a los residentes legales que no son ciudadanos ser parte de jurados.

Según mi marcador, Brown actuó correctamente en tres de las cuatro instancias. Tuvo razón en cuanto a las licencias de conducir y la cooperación policial. También en vetar a los no ciudadanos en los jurados. Fue incorrecto otorgar licencias para ejercer el Derecho. Los que están en un estado ilícito constante, viviendo fuera de la ley, no pueden jurar respetar la ley.

En un reciente viaje a Nueva York, un editor me preguntó cómo le iba a Brown en su cargo. Mucha gente de todo el país probablemente se pregunte lo mismo. Recuerdan a Brown, quien es el gobernador número 39 de California, de su primera gestión en la casa del gobernador, entre 1975 y 1983. En aquella época, el pelilargo director en jefe fue apodado “Gobernador Rayo de Luna” y obtuvo tanta atención por salir con la cantante popular Linda Ronstadt como por su programa legislativo. Brown se presentó después como candidato a la presidencia tres veces, sin éxito. En su último intento, en 1992, Bill Clinton lo atacó durante un debate y lo acusó de reinventarse constantemente para agradar al electorado.

Recordemos que Brown ha participado en la política —comenzando como miembro de la Junta de Distrito de Trustees del Colegio Comunitario de Los Angeles— desde 1969, el mismo año en que Neil Armstrong caminó en la Luna. Brown conoce ese trabajo de arriba a abajo. Y sin embargo, cuando Bill Clinton, el mejor político de toda una generación, esencialmente desafía tu honestidad y te llama falso, ésa es la señal para abandonar el juego.

En lugar de eso, Brown se presentó a la gobernación por segunda vez en 2010, y salió electo con facilidad, en parte por el fuerte apoyo de los latinos, que ahora representan uno de cada cinco electores en el Estado Dorado. También componen el 38 por ciento de la población y representan una nueva fuerza para tener en cuenta.

Como dije al editor, esta vez este hombre de 75 años parece estar en paz. Mantiene un perfil bajo. En lugar de ser un joven apurado maniobrando para llegar a la Casa Blanca, parece que lo que tienen ahora los californianos es un hombre más maduro, que se da cuenta de que ésta es su última parada en el tren de la política, por lo que está tratando de hacer lo que es correcto.

Pero cuando se trata del asunto de la inmigración ilegal, no siempre es fácil decidir qué es lo correcto. Uno puede ser pro-inmigrante y aún así poner límites a los que violan las fronteras de nuestra nación y después exigen privilegios. Se puede insistir en que no se explote ni maltrate a los inmigrantes ilegales, preocupándose, al mismo tiempo, por los efectos económicos sobre la clase obrera estadounidense, que debe competir por puestos de trabajo. El debate es sumamente complicado.

The Washington Post Writers Group

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