Cualidades del próximo líder del Concejo

Mientras que la carrera por la alcaldía de la Ciudad ocupa un lugar protagónico, la otra gran contienda que toma forma es la de la presidencia del Concejo Municipal.

Quien sustituya a Christine Quinn es un asunto de suma importancia. El presidente del Concejo es el funcionario más poderoso en toda la Ciudad, después del alcalde. Las decisiones que toma tienen implicaciones serias en el presupuesto y distribución de fondos a nivel municipal. Decide los nombramientos de los comités y las negociaciones con la alcaldía.

El próximo presidente es decisivo en una amplia gama de decisiones políticas que afectan a los neoyorquinos. Por ejemplo, vimos a la presidente del Concejo en su mejor momento cuando defendió los derechos de la mujer y en el negativo cuando estuvo de acuerdo con el Alcalde en la extensión de límites del mandato.

Como todo en esta Ciudad, el proceso para convertirse en presidente del Concejo es un juego político. Es por esto la importancia de establecer un estándar muy alto, ya que el Concejo debe estar en el lado de la gente, en vez de ser dominado por una minoría que piensa solo en sus intereses.

Así que el próximo presidente debe ser un líder que crea en la responsabilidad y rendición de cuentas y su liderazgo esté marcado por la integridad. Todo candidato a la posición debe tener un sólido historial que demuestre cómo él o ella ha servido con resultados positivos a los neoyorquinos. Los aspirantes deben demostrar visión y valentía: ¿cómo fueron más allá de su labor por sus constituyentes y lograron más que el status quo? ¿Cómo unieron a la gente?

Los candidatos que no necesitan solicitar son los que se ponen de acuerdo para llevarse bien. Los neoyorquinos no necesitan más líderes que hagan el mínimo en sus carreras.

La ciudad también tiene que reflejar su diversidad –en los más altos niveles.

Algunos de los reportajes y comentarios en torno a la presidencia del Concejo reflejan que personas influyentes de la Ciudad no creen que el próximo Presidente debe ser una persona de color. Este grupo cree que con la elección de Letitia James, una afroamericana, para Defensora del Pueblo, complace las cuotas de variedad étnica.

Esta idea de que no haya ningún problema con que varios hombres blancos estén al mando de la Ciudad o del estado, y que más de una persona de color tenga poder sea “demasiado” es simplemente racista y una hipocresía liberal.

Es hora de que nuestra ciudad se mueva a una nueva dirección, sobre todo en cuanto liderazgo. Y esto significa poner fin a la presunción de quienes tienen el poder y prefieren a los líderes afroamericanos o latinos de copilotos y no al volante.