¿Qué haría la Ciudad sin inmigrantes?

El contralor del Estado, Thomas Dinapoli, recientemente desveló un estudio sobre las aportaciones económicas de los inmigrantes en Nueva York, que puso de relieve los grandes logros e importancia de los negocios pequeños para nuestros vecindarios.

La comunidad inmigrante, en 2011, aportó $210 mil millones a la economía de la Ciudad, lo que significa un 31% al producto bruto de la economía. Y mientras la Ciudad se recuperaba a pasos de tortuga durante la recesión, fueron ellos con su arduo trabajo quienes sobresalieron. De 2000 a 2011, los aportes de los inmigrantes a la economía aumentaron en un 63 %, más del doble de la tasa de inflación. El porcentaje de inmigrantes en la fuerza laboral aumentó del 40 % en 2000 al 44 % en 2011. Se calcula que, durante el mismo período, la tasa de crecimiento anual en los salarios de inmigrantes fue casi del 4%, lo que superó la tasa de inflación y el crecimiento de sueldos en la población nacida en el país.

Los dos condados con mayor concentración de inmigrantes fueron Brooklyn y Queens. Y los cuatro vecindarios con mayor crecimiento y concentración de inmigrantes son Elmhurst/Corona, Jackson Heights, y Sunnyisde/Woodside, todos en Queens. El único vecindario fuera de estos dos con una concentración substancial fue Washington Heights, en el alto Manhattan. En 2011, más de la mitad de la población inmigrante de la ciudad de Nueva York vino de diez países; entre los latinos, se encuentran República Dominicana, México, y Ecuador.

En cuanto a sus contribuciones empresariales, hace poco editorializamos el estado de los negocios pequeños latinos bajo la Administración Bloomberg. Hicimos referencia a los 143,000 negocios pequeños latinos que operan en la Ciudad y cómo éstos generan más de $18 mil millones para la economía. Y mencionamos que el Índice de Supervivencia de Negocios Pequeños catalogó en los últimos dos años a la ciudad de Nueva York en los puestos 49 y 50, respectivamente, entre los 50 estados, como la ciudad con peores políticas públicas para emprendedores.

Quizas, económicamente, la Ciudad depende más de estos negocios y la comunidad inmigrante, que ellos de la Ciudad. En contra de viento y marea han logrado más, con menos recursos y más obstáculos.

Estos números hacen que nuestro llamado al alcalde electo a crear un puesto de Director de Diversidad, mejorar las relaciones con los pequeños negocios, y crear programas e incentivos para otorgar más ayudas a las empresas e inmigrantes, sea más urgente todavía.

No podemos esperar a que estos vecindarios y sus logros queden en peligro de extinción, y se actúe tarde, como ha sucedido en otras aéreas que fueron históricamente de inmigrantes.

Si se ha podido lograr tanto con tan poco, la próxima administración debe pensar en lo que podrían lograr si escuchan a la comunidad y crean políticas que mejor sirvan a la población inmigrante y sus objetivos.