El costo de la reforma de salud

Nuestra comunidad ha pagado un costo muy elevado debido al Obamacare. El esfuerzo requerido para que se aprobara la reforma de salud en el Congreso, en el primer año de la presidencia de Obama, fue el pretexto principal que se utilizó para demorar la reforma migratoria. Acuérdense que los demócratas disponían de mayorías nutridas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado en aquella ocasión.

Recordamos que algunas organizaciones grandes “pro derechos de los inmigrantes” decían a la base social que debíamos tener paciencia. Estas organizaciones se expresaron en contra de intentos de presionar al presidente durante los primeros seis meses, mientras que ellos recibían apoyo financiero para participar en la lucha a favor de Obamacare.

Nos dijeron que la idea de luchar simultáneamente para dos proyectos de ley en el Congreso carecía de realismo. Por encima de eso, el presidente nos habló directamente en una teleconferencia, diciéndonos que “ningún ilegal recibirá beneficio alguno, ni será permitido a participar en los esfuerzos de la nación de proveer cuidado de salud universal”. Durante su campaña electoral nosotros éramos, para él, “indocumentados” cuando prometía cosas a nuestra comunidad; luego de nuevo éramos “ilegales”.

Hubo muchos que opinaban que el proyecto de ley del presidente sobre una reforma de salud era un error. Algunos argumentaron a favor de un sistema con un solo pagador. Otros decían que el énfasis debía haber sido en una mejora de la organización del cuidado mismo, no de la expansión de cubertura de seguro.

El proyecto de ley fue negociado con las compañías particulares de seguros, y no con los consumidores ni con los que proveen servicios de salud. De hecho, la versión que se logró aprobar fue basada en una propuesta republicana, pero, aun así, ningún republicano votó por ella. Esto fue la primera etapa en la confrontación partidista que existe actualmente.

Lo que observamos actualmente es un presidente y un partido demócrata, además de un partido republicano absorto en el asunto del “Tea Party”, que juegan políticamente con nuestras vidas.

Tanto los indocumentados y sus hijos y familias, como los ciudadanos norteamericanos, están pagando un precio alta por estos juegos de competencia política. Lamentablemente, demasiadas de nuestras organizaciones se prestan a estos juegos por la razón de estar preocupados por sus fondos.

La conclusión que debemos sacar queda clara: Nuestra demanda actual es la de parar las deportaciones y separación de familias, por acción del Congreso si posible, por acción del presidente si necesario. Quien niega ayudarnos a presionar al presidente nos está traicionando.

El presidente Obama tiene la autoridad legal y moral de extender los mismos aplazamientos que ha otorgado a los soñadores, a los padres y las madres de ellos y a los padres y las madres de niños de ciudadanos.

Debe otorgarnos esto por la navidad a más tardar, pues queremos que nuestras familias estén unidos el día de navidad.

Hacemos, también, un llamamiento para que todas las iglesias ofrezcan santuario a todos que se encuentran amenazados por las deportaciones.

Y tal vez aquellos latinos que prefieren la politiquería deben dar una miradita al gobernador Christie.