Guatemala, Honduras y los narcos

La inacción de los gobiernos de Honduras y Guatemala en cuanto al narcotráfico a través de su frontera común se mantiene sin cambios
Guatemala, Honduras y los narcos
Un policía resguarda la escena de un tiroteo en Tegucigalpa, Honduras, donde la violencia vinculada al narcotráfico sigue en aumento.
Foto: Archivo / AP

El ex presidente mexicano Porfirio Díaz (1877-1880, 1884-1911) solía decir, “pobre México; tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Lo mismo podría decir Honduras, ahogada por su tasa de homicidios (la mayor del mundo, 86 por cada 100 mil habitantes), y huésped de narcos guatemaltecos que, en los últimos tiempos, resultaron extraditados desde Honduras hacia Estados Unidos, o protagonistas de casos sonados.

Esto da para pensar que (a) no les basta Guatemala para operar, o (b) el campo narco en Guatemala está saturado, pero aún queda campo libre en Honduras, el punto más crítico en Centroamérica, según una fuente de la Agencia Federal Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés).

Para Honduras es el colmo, que ya tiene suficiente con los narcos de su país, y con ser el principal punto del istmo para la recepción de cocaína transportada por vía aérea desde Sudamérica. La droga es llevada por tierra hacia México vía Guatemala. Pero en esto hay responsabilidad compartida.

Desde 2008, los patrullajes militares en Guatemala disminuyeron el número de narco avionetas que aterrizaban en este país, y Honduras se volvió un destino más seguro. El golpe de Estado que derrocó al ex presidente Manuel Zelaya, en junio de 2009, agudizó la tendencia. Las fuerzas policiales estaban más ocupadas en contener la violencia política, que en controlar las operaciones del narcotráfico. Y los narcos—incluidos guatemaltecos, colombianos, y otros—aprovecharon los espacios.

En junio de 2012, el presidente de Honduras Porfirio Lobo y su homólogo guatemalteco Otto Pérez Molina, prometieron fortalecer la seguridad de la frontera compartida, para disminuir el narcotráfico en la zona. Uno pensaría que esto era prioridad desde hace años. Pero parece que ningún gobierno tuvo prisa para actuar pese a las señales de alerta:

(1) En mayo de 2008, en San Pedro Sula, Honduras, fue capturado por narcotráfico el guatemalteco Jorge Mario Paredes Córdova y enviado a EE.UU.

(2) En mayo de 2011, en la misma ciudad fue capturado por narcotráfico otro guatemalteco: Mario Ponce Rodríguez (extraditado a EE.UU. en diciembre de ese año), cuyas mansiones en Guatemala demostraban que el negocio lo trataba bien mientras estuvo en libertad.

(3) En marzo de 2012, Juan José Véliz Pineda, guatemalteco y cómplice de Ponce, fue detenido también en San Pedro Sula por narcotráfico y extraditado a EE.UU.

(4) En agosto de 2012, se capturó por narcotráfico en Honduras al ex diputado guatemalteco Juan Luis González (2000-2004), a los guatemaltecos Dennis Calderón y Howard Suhr Castellanos, y a un ex jefe de fiscales hondureño, Rafael Fletes (todos, en juicio desde este mes).

Y poco ha cambiado. En octubre pasado, policías y soldados capturaron a José Ranferí Ponce Rodríguez (hermano del extraditado) en Guatemala, pero una turba de unas 500 personas lo rescató y liberó.

Una fuente policial recibió información que huyó hacia Honduras. La policía guatemalteca capturó a los familiares y otros sujetos que facilitaron la liberación del prófugo, y el gobierno embargó cinco fincas a la familia Ponce—en la frontera con Honduras, que servían de paso ilegal para drogas, armas y personas. Sin embargo, el proceso se dificulta porque algunas propiedades están a nombre de testaferros.

El tiempo dirá si estas medidas, y las elecciones presidenciales del próximo 24 de noviembre en Honduras, y el inicio de una nueva administración presidencial en enero próximo, disminuirán el problema, o lo agudizarán, como lo hizo el gobierno de Lobo (2010-2014).

El narcotráfico aún envía toneladas de cocaína de Honduras hacia Guatemala, y está claro que atrás de los envíos hay varios guatemaltecos. Así, la inacción de las autoridades se asemeja a dispararse a sí mismo en el pie.

Considerando que desde 2011 se elevó la tasa de homicidios en los departamentos de la frontera, del lado de Guatemala y Honduras, la inacción resulta aún más incomprensible, un sinsentido.