Sentencia del Tribunal Constitucional: Un genocidio civil

Estados Unidos, Francia, Canadá, Cuba y República Dominicana son los cinco países con mayor concentración de inmigrantes haitianos del mundo. En este último país, que jamás se ha efectuado una regularización migratoria de este grupo y en el que hace 76 años se produjo una masacre de negros y haitianos por orden de un jefe de Estado, la sentencia de desnacionalización del Tribunal Constitucional (TC) oficializa ahora un verdadero genocidio civil.

El repudio mayoritario de distintos sectores de la sociedad dominicana a la grave decisión del TC—valientemente rechazada por dos juezas del tribunal—y las negativas repercusiones que este fallo ha tenido en las relaciones con Haití y en la participación de República Dominicana en organismos internacionales, debe ser visto como una oportunidad de cambio radical para el Ejecutivo en su manejo de la cuestión haitiana.

Durante los últimos 13 años ha existido una política de “laissez faire” a favor de las corrientes nacionalistas anti haitianas más repugnantes, lo que constituye una barrera para una relación de amistad sincera y de cooperación auténtica entre los dos países.

Probablemente hacía falta llegar hasta este punto para ver como el anti haitianismo de grupos minoritarios puede exponer a todo un país a la ridiculez internacional y poner en riesgo importantes intereses dominicanos. Sorprendió ver a jerarcas eclesiásticos, contrarios a la visión humanista sobre las migraciones que el Papa Francisco expuso durante su visita a la isla italiana de Lempedusa, apoyar tan funesta sentencia.

Para evitar que un mal ejemplo se reproduzca en contra de emigrantes dominicanos, es necesario ver la sentencia del Tribunal Constitucional como un mal precedente que debe ser enérgicamente repudiado por todas las comunidades de migrantes del mundo.

Una ocasión histórica se ofrece así al gobierno dominicano, el único entre los 5 países de mayor inmigración haitiana que no ha reconocido aún la contribución de esta comunidad a su nación.

Actuar esta vez como Poncio Pilato resultaría muy perjudicial para el buen nombre de un presidente que prometió “Hacer lo que nunca se hizo”.