Estar en desacuerdo sin rencor

Hay un momento en que uno constata que está en desacuerdo con alguien en cuanto a un tema, pero aún está de acuerdo con esa persona en muchas otras cosas y respeta cómo presenta sus opiniones. Así pues, uno piensa en sus diferencias y desea vivir en un mundo en que éstas se celebren, sin permitir que nos obsesionen.

Rick Warren y yo no concordamos en el matrimonio del mismo sexo. Warren se opone a esa idea y yo la apoyo.

Warren afirma que el término “matrimonio” no debe redefinirse más allá de su significado tradicional —la unión de un hombre y una mujer. Yo prefiero lo que dijo Thomas Jefferson sobre cómo los individuos han sido dotados por el Creador de “ciertos derechos inalienables, que entre éstos están la vida, la libertad y la persecución de la felicidad.” Pues el término del medio —”libertad”— se vuelve problemático cuando la sociedad decreta que algunos pueden casarse y otros, no.

Aún así, a juzgar por una reciente entrevista que Warren concedió a Piers Morgan, de CNN, hay muchas más cosas en las que estamos de acuerdo. Muchas de ellas involucran aspectos más amplios, como la manera en que los seres humanos se relacionan. También me complació que —con tantos políticos, celebridades y otras figuras públicas que nos dicen simplemente lo que queremos oír, aunque lo crean o no lo crean— Warren no retrocedió ante la presión de su anfitrión. De hecho, Morgan, que apoya el matrimonio gay, ejemplificó el problema cuando dijo a Warren que —si discutían el asunto durante suficiente tiempo— tarde o temprano “lo vencería”.

Warren se mantuvo en sus trece, y defendió su postura sin que quedara duda alguna. El hecho de estar frente a un público de estudio, en el que podría haber habido individuos que no coincidieran con sus ideas, no pareció importarle lo más mínimo.

¿Debemos cuestionar lo que creemos y considerar que quizás él esté en lo cierto?

Warren se niega a que lo etiqueten.

“Aunque quizás no esté de acuerdo contigo en tus opiniones sobre la sexualidad, eso no me da el derecho a degradarte, desmoralizarte, difamarte ni convertirte en un demonio,” expresó a Morgan.

Warren tiene toda la razón. Podemos determinar que lo que alguien cree es incorrecto, pero es ir demasiado lejos decidir que esa persona es una mala persona por creerlo.

Finalmente, Morgan —en un vano intento por ganar la discusión que ya había perdido— jugó la “baza cristiana”. Preguntó a su invitado, “Como cristiano… ¿cómo puedes apoyar una genuina igualdad, si no concedes a los gays los mismos derechos de casamiento de los no-gays?”

Warren afirmó que los gays tienen el mismo derecho que cualquier otra persona a amar a quien quieran, y que el único problema es la manera en que la sociedad define la institución del matrimonio.

Aún así, preguntó el anfitrión, ¿podría Warren verse a sí mismo apoyando alguna vez el matrimonio gay?

“No puedo ver que eso vaya a suceder en mi vida,” dijo.

¿Y por qué no? Porque, declaró Warren como un hecho, “Temo la desaprobación de Dios más de lo que temo tu desaprobación o la de la sociedad.”

The Washington Post Writers Group