El desafío salvadoreño

Guía de Regalos

El incremento de deportaciones de salvadoreños pone una gran presión sobre la nación centroamericana en cuanto a la economía y a la seguridad pública.

La cifra de personas que regresan por la fuerza en el 2013 esta estimada en cerca de 34,126 repatriaciones una cantidad record. Esto en gran parte es el reflejo del énfasis en atención y presupuesto para deportaciones puesto por las autoridades estadounidenses.

Se estima que de este total más de 1,600 deportaciones fueron menores de edad ya sea detenidos en Estados Unidos, o en México en su camino al norte. La cantidad de estos niños y adolecentes tes es también inusualmente alta. Esto se debe lo que la Dirección General de Migración y Extranjería de El Salvador definió como “una cultura del silencio” con respecto a la elevada cantidad de menores de edad que son enviado solos, en muchos casos a reunirse con sus padres en Estados Unidos o huyendo de la creciente inseguridad pública.

El problema es qué hacer con la gente que regresa. Se estima que ahora cerca de 25% de los que regresan tienen antecedentes penales, lo cual a larga le acentuarás las grandes dificultades con la violencia que enfrenta el gobierno ante las maras.

Mientras que las perspectivas laborales para el resto de los deportados tampoco son buenas. La economía salvadoreña no se recupera ante la contracción de exportaciones y reducción en las remesas recibidas. Las inversiones también son insuficientes para la generación suficientes de empleos para los recién llegados.

El TPS que Estados Unidos otorga a casi un cuarto de millón de salvadoreños alivia temporalmente parte de la presión laboral que podría caer sobre el gobierno centroamericano. Pero la solución no está en Washington. La respuesta a largo plazo a los problemas de violencia y falta de empleo están en El Salvador.