Nuestra resolución para el Año Nuevo

Para muchos, el año nuevo comienza con una resolución –de bajar de peso, hacer más ejercicio, pasar más tiempo con la familia, o estudiar más.

Casi nunca cumplimos con esas promesas.

Pero permítanme imaginar lo que pasaría si lográramos cumplir con una promesa, la de bajar el consumo de drogas en los Estados Unidos.

Hay las consecuencias obvias. Menos morirían, o perderían su trabajo, o terminarían en la cárcel. Habría menos crimen, porque menos adictos tendrían la necesidad constante de robar, y quizás matar, para comprar drogas.

Pero se necesita poca imaginación para visualizar esas consecuencias. Quiero que vean en esa pantalla mental un futuro aún más ambicioso, en que se consume tan poca heroína, metanfetaminas y cocaína que el narcotraficante se ve obligado a buscar otro tipo de empleo.

En ese futuro, los carteles perderían sus ingresos. No tendrían la capacidad de comprar la complicidad de oficiales corruptos. Ya no podrían forzar el silencio y la cooperación tacita de comunidades enteras. Ya no podrían aterrorizar a la gente tirando cadáveres decapitados por las carreteras.

Ya no impulsarían ese comercio nefasto entre los EE.UU. y Latinoamérica en que las drogas se exportan al Norte y las armas se importan desde el sur.

El gobierno mexicano ya no tendría la necesidad de usar fuerzas militares –y sus tácticas militares que inevitablemente resultan en violaciones de derechos humanos– como fuerzas policiales.

En Washington, los que se oponen a la reforma migratoria ya no podrían citar el narcotráfico para justificar una reja más larga y más agentes en la frontera. Ya no tendrían porque gastar billones de dólares en la guerra contra las drogas – entrenado agentes de la DEA, patrullando la costa, monitoreando las comunicaciones electrónicas – y ese dinero se podría usar para inversiones más productivas.

Todo esto es posible si encontramos como reducir el consumo de drogas en este país. Sé que es difícil. Pero también sé que vale la pena.