‘Obamacare’ detrás de las rejas

Muchos reclusos en EEUU podrían obtener un seguro médico cuando salgan de prisión
‘Obamacare’ detrás de las rejas
Miles de expresidiarios podrán gozar muy pronto de un beneficio al cual no tenían acceso en el pasado.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinión

Nueva York —Miles de expresidiarios en Estados Unidos podrán gozar muy pronto de un beneficio al cual no tenían acceso en el pasado: un seguro médico de calidad y a bajo costo.

Con la implementación de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), un gran número de prisioneros que salgan en libertad a partir del 2014 serán elegibles para obtener cobertura médica bajo el plan gubernamental gratuito o a bajo costo conocido como ‘Medicaid’.

Según lo establece la Ley firmada por el presidente Barack Obama en 2010, todos los adultos menores de 65 años que tengan ingresos por debajo del 133% del nivel de pobreza federal, podrán recibir Medicaid. Esto viene siendo unos $15,000 de salario anual para un individuo, sin importar si es soltero, si tiene hijos o si sufre alguna discapacidad.

Se estima que unos 650,000 hombres y mujeres que se encuentran presos en la actualidad, caerán inmediatamente bajo esta categoría al salir en libertad, pero sólo en los estados que han optado por expandir el Medicaid bajo el Obamacare, como California y Nueva York.

El Departamento de Justicia de EE.UU. calcula que los exreclusos representarán cerca del 35% de todas las personas que serán elegibles para obtener Medicaid bajo la nueva Ley.

Actualmente hay más de 2.3 millones de personas tras las rejas en Estados Unidos, y la mayoría no cuenta con un seguro médico. Según la página web especializada ‘The Crime Report‘, el 90% de los prisioneros en cárceles de condado, y el 85% de los que se encuentran en prisiones estatales y federales carecen actualmente de cobertura médica privada o gubernamental.

Desde 1965, el Gobierno federal dejó de pagar con fondos públicos los servicios médicos dentro de las cárceles bajo el programa de Medicaid. Cada estado, condado o ciudad, debe pagar con sus propios fondos por las necesidades médicas de sus detenidos.

Además, dependiendo de la ley local de cada estado, si una persona posee Medicaid al momento de ser encarcelada, su cobertura puede ser suspendida o cancelada.

“Para mí el sistema de salud era algo que no existía. Dentro de las prisiones el sistema de salud es inhumano y cuando quedas en libertad vienes de haber experimentado con un sistema punitivo y muy impersonal”, explicó Julio Medina, un exconvicto quien es fundador y presidente de la organización Exodus Transitional Community en Nueva York, que ha ayudado a más de 5,000 exprisioneros con su reintegro en la sociedad.

“Los presos sienten que para el sistema de salud ellos no son importantes. Yo recuerdo que en los 12 años que estuve preso vi a un médico sólo cinco veces, y eso fue porque eran emergencias”, relató Medina.

Desde 1997, el programa de Medicaid sólo paga por los servicios de salud que se le prestan a un prisionero cuando es trasladado a un hospital por un período mayor a 24 horas.

Unos 10 millones de personas pasan por las cárceles cada año, la mayor parte hombres entre 18 y 54 años y miembros de las minorías. En 2010 los hombres hispanos y los afroamericanos representaban el 58% de todos los prisioneros del país.

Según un informe del ‘Community Oriented Correctional Health Services‘ (COCHS), gran parte de ellos sufren problemas de salud mental (50%), abuso o adicción de drogas (65%), enfermedades crónicas (como diabetes, asma e hipertensión), y enfermedades infecciosas como tuberculosis, hepatitis C y VIH/Sida.

Se estima que el 80% de los individuos detenidos sufre una condición médica crónica que no recibió tratamiento antes de la detención. Ahora, se espera que con la expansión del Medicaid muchos presos tendrán, por primera vez en su vida, la oportunidad de tener cuidado de salud continuo. Esto no sólo los va a hacer más saludables, sino que los ayudará a mantenerse fuera de la cárcel.

“La ACA contiene una provisión llamada Health Home que da la opción a los estados para que amplíen el programa de Medicaid y cubran a los pacientes con enfermedades crónicas costosas de una manera más eficiente”, indicó Steven Rosenberg, del ‘Community Oriented Correctional Health Services‘, con sede en California.

Estudios médicos han demostrado que los reclusos que sufren una enfermedad mental o abuso de sustancias tienen más posibilidad de regresar a prisión si no reciben el tratamiento médico necesario durante los primeros meses de su liberación. Además son menos propensos a conseguir trabajo y, por ende, a reintegrarse a la sociedad.

Para que un exprisionero cuente con seguro cuando se reintegre a la sociedad, es fundamental que se inscriba antes de salir en libertad. De esta manera los tratamientos y medicinas que tanto necesita, estarán disponibles de inmediato.

Pero la realidad, según los expertos, será muy distinta. Muchas cárceles de condados se verán ante el gran reto de registrar en un plan médico a los miles de reclusos que saldrán de prisión el próximo año. Muchos centros penitenciarios no cuentan con el personal suficiente, la infraestructura y la tecnología para educar a los reclusos sobre los nuevos seguros.

“Se debe preparar a estas personas antes de que salgan para que tan pronto pongan el pie fuera de la prisión tengan un Medicaid activo que puedan usar”, indicó Tracie Gardner, directora de políticas del Estado de Nueva York para el Legal Action Center.

Muchos presos necesitarán asistencia para poder inscribirse, algunos porque no saben leer y escribir, o porque no se manejan bien con las computadoras. Otros no podrán ser registrados de inmediato porque no poseen los documentos de identificación oficiales.

“Si la gente no está inscrita en Medicaid o cualquier otro tipo de seguro cuando salgan de prisión, no van a darle prioridad a su tratamiento por adicción a drogas, por ejemplo, y no van a ir a un proveedor de salud que le recete medicinas, especialmente si no tiene el dinero para pagar por eso”, dijo Gardner.

Este reportaje se realizó como parte de la beca “Health Behind Bars”, otorgada por CMCJ/Langeloth Health Journalism Fellows, realizada en el John Jay College of Criminal Justice.