Principios que decepcionan

Algo es mejor que nada y favorecer la legalización de indocumentados es mejor que querer deportar a los soñadores. Pero este cambio expresado en la hoja de principios sobre inmigración dados a conocer por la bancada republicana de la Cámara Baja, no significa que se esté mucho más cerca que antes de una reforma migratoria.

La hoja de principios presentado por liderazgo de la Cámara de Representantes a sus congresistas en el mejor de los casos debería ser una guía de negociaciones. El problema es que, siguiendo estrategias pasadas, se está presentando como algo terminado el cual se acepta o se rechaza sin cambiar. El presidente de la Cámara, John Boehner, no es Moisés y los principios no son los 12 Mandamientos como para exigir que todos se ajusten a lo escrito.

Es más, ni siquiera existe un consenso dentro de la bancada republicana en favor de estos principios. De esta manera, los tan esperados principios sirven de relaciones públicas para mostrar que el bloque no es tan retrógrado en cuanto a la inmigración. Es cierto hay muchos republicanos que desean una reforma migratoria pero lamentablemente estos son una minoría en la Cámara Baja.

La economía de Estados Unidos necesita a esta altura del debate migratorio la seguridad que habrá una reforma que provea una mano de obra estable que no tema ser deportada de un momento a otro. Para eso la mayoría de la Cámara Baja debería tener proyectos de ley concretos en vez declaraciones vagas a lo que aspira a hacer algún día que n i se sabe si llegará.

El futuro de la reforma migratoria está en manos de la Cámara Baja, por eso el documento es tan decepcionante.

Los optimistas creen que se puede esperar que estos principios sirvan para que la Cámara apruebe una ley migratoria que sea manipulable en la negociación con el Senado, para que el resultado final se parezca a una reforma integral con seguridad fronteriza, estabilidad laboral y legalización de indocumentados. Pero el contenido general de los principios, la falta de acuerdo sobre ellos en la bancada republicana y el tono de no ser negociables que los acompañan —sin contar los detalles complejos que estarían de un proyecto de ley— son un pésima señal.

La presentación de los principios no cambia la realidad frustrante que el futuro de millones de familias trabajadoras todavía permanece rehén del extremismo antiinmigrante de un reducido, pero poderoso bloque de legisladores.