Hemos comprobado que no somos una basura

Cuando me arrestaron por ser una indocumentada tuve que decidir si iba a pelear o someterme pasivamente. Tenía un hijo que era un ciudadano estadounidense y por su bien opté por resistir. Quise que el supiera que no somos una basura para que nos utilicen y luego nos boten después.

Si acaso se logra aprobar una reforma migratoria en 2014, ¿cómo nos vamos a sentir? Si claro, estaremos felices por los millones que podrán salir de las sombras y vivir, por fin, como seres humanos. Pero para los dos millones que ya fueron deportados, y por las familias y seres queridos que se han dejado en el norte cuando nos deportaron, siempre tendremos un sabor amargo en la boca. Claro está que desde el principio nos dimos cuenta que la lucha iba a ser larga y dura. Pero hubo tantas oportunidades perdidas.

A mí no me cabe duda que en los últimos años de la presidencia de George Bush hubiera sido posible aprobar una reforma migratoria. Fueron precisamente los demócratas que nos decepcionaron. Rahm Emmanuel, que luego se convirtió en el primer jefe de estado presidencial de Obama, explicó que una reforma migratoria no iba a ser aprobada hasta el primer año del segundo plazo de un presidente demócrata. La cuestión de inmigración fue una cosa demasiado buena para que los demócratas la regalaran mientras que aumentaban su porción del voto latino.

Luego cuando entró en poder el presidente Obama, con mayorías adecuadas en ambas cámaras del Congreso, incumplió sus promesas y ni siquiera permitió que una reforma migratoria fuera introducida en el Congreso. Lejos de eso, el presidente introdujo nuevos mecanismos para hallar y deportar a dos millones de indocumentados.

Ahora queda claro que la deportación fue la respuesta del presidente a la desocupación. Las deportaciones y E-Verify (verificación electrónica de la autorización de trabajar), abrieron 3 millones o más de puestos de empleo a salarios bajos. La cosa pudo haber sido diferente. Como el presidente ya dijo en su discurso anual sobre el estado de la unión, la legalización constituirá un tremendo estímulo para la economía, lo cual creará muchos puestos de trabajo adicionales. Dicho estímulo pudo haberse aplicado en el primer año de su presidencia. Pero en lugar de eso, optó por la estrategia de deportaciones como mecanismo para reducir la desocupación. Ahora mientras que el Congreso debate, el presidente va a seguir deportando gente. Muchas personas han exigido que utilice su autoridad ejecutiva para poner alto a las deportaciones mientras que el Congreso hace su trabajo legislativo. A lo mejor desea deportar a otros 400,000 más mientras que los congresistas se acercan a un acuerdo, o tal vez no.

Pero quizás ahora ha deportado a un número suficientemente grande de personas. Ha dicho que aceptará la oferta de los republicanos de legalizar millones sin un camino especial a la ciudadanía. Quizás se podrá aprobar una reforma este año. Quizás los políticos republicanos y demócratas han decidido permitir que se termine nuestro sufrimiento, que ya no es políticamente provechoso para ellos. Pero comoquiera que es que deciden, una cosa queda clara:

Si no pasa este año, pasará el próximo. Los que nos han sometido a tanto sufrimiento por tanto tiempo tendrán que vivir con sus propias consciencias. Tendrán que pensar de quienes, en realidad son.

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