La esperanza es lo último que se pierde

Todo lo que sale de Albany es tan complicado que a veces no sabe una ni a quien culpar cuando, al igual que en Washington, después de mucho prometer, mucho hablar y mucho analizar resulta que nos dan cero resultados. Otra vez barrieron el piso con los sueños de los jóvenes inmigrantes estudiantes al no aprobar el plan de ley “Dream Act”, además del sueño de las miles y miles de familias neoyorquinas afectadas y de los muchos votantes quienes hemos votado en las encuestas como cuchucientas veces indicando que “sí” queremos el Dream Act.

Ya que es obvio que a los legisladores federales les parece imposible hacer algo para cambiar la situación precaria de tantos inmigrantes en la nación, esperábamos con esperanza que en un estado como Nueva York, donde los políticos francamente no tienen nada que perder aprobando al “Dream Act”, por lo menos aprobaran un acto de ley que aliviara la situación de los jóvenes inmigrantes. Pero no. En una perfecta demostración de confusión e ineptitud, la propuesta del Dream Act fue derrotada por falta de solo 2 votos a favor. Claro que a los primeros que hay que culpar por la derrota de la popular propuesta de ley es a los indecisos de Albany. Estos son senadores quienes coquetean con los dos partidos políticos y no se comprometen con ninguno. Pero no podemos disculpar a los demócratas ya que estos tenían que saber que les faltaban dos votos para el triunfo. Al saber esto, ¿por qué no usar el tiempo que tenían disponible para seguir cabildeando y asegurarse de cultivar un par de votos más en vez de apresurarse a llevarlo al voto? Y ahora qué, ¿esperar la ayuda del liderazgo del gobernador?

En ausencia de claridad de lo que está pasando en Albany, habrá que mantener la presión y responsabilizarlos a todos por la nueva muerte del sueño americano para tantos.