No permitamos que NY contamine el agua

Nueva York se enfrenta a las opciones de realizar una transición a fuentes limpias de energía que reducirían el cambio climático o seguir dependiendo de fuentes sucias de energía fósil que lo empeorarían.

Las corporaciones multimillonarias, irresponsables y ambiciosas, intentan nuevamente beneficiarse a nuestras expensas —buscando ganancias no únicamente al costo de empeorar el cambio climático, sino también al perjudicar nuestra salud, el agua y las comunidades.

Las corporaciones de gas natural de otros estados quieren traer la fracturación hidráulica o “fracking” — un proceso destructivo que inyecta muchas sustancias químicas peligrosas en el suelo para extraer combustibles fósiles— a Nueva York.

El “fracking” contamina el agua y el aire, y tiene un impacto negativo en la salud. También puede causar que eventos climáticos extremos, como el huracán Sandy, sean más destructivos y más seguidos debido a la intensificación del cambio climático.

La pregunta fundamental es si el gobernador Cuomo permitirá este proceso inherentemente peligroso o si encaminará a Nueva York hacia las energías renovables. La decisión de nuestro gobernador tendrá enormes ramificaciones para la seguridad de nuestra agua, el aire, los alimentos y el clima.

El gobernador Cuomo está ahora esperando que su comisionado de salud termine de evaluar el impacto del “fracking” sobre la salud.

Esto es prudente y tengo confianza de que si están realmente revisando las evidencias y el trabajo de investigación, decidirán que es demasiado peligroso para la salud de las familias, las comunidades y el medio ambiente de Nueva York.

Un estudio de la Universidad de Duke en el noreste de Pennsylvania vinculó el “fracking” con la contaminación de las aguas subterráneas cercanas, corroborando un estudio anterior.

Otro estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Missouri sobre los sitios donde se realiza el “fracking” en Colorado vinculó el “fracking” con la presencia de peligrosas sustancias químicas que afectan las hormonas en las aguas cercanas.

Y un estudio de la Universidad de Texas en Arlington sobre los sitios en ese estado demostró que “existen niveles elevados de arsénico y otros metales pesados cerca de los sitios de extracción de gas natural”, y que los compuestos pueden terminar en nuestra agua potable.

Esta industria sencillamente no es segura.

Y aunque las excavaciones pueden hacerse al norte del estado, la ciudad de Nueva York estaría en gran peligro. La infraestructura de nuestra ciudad que nos provee agua y tiene décadas de antigüedad puede dañarse, lo cual podría producir su contaminación.

Además, el gas natural en nuestro estado contiene radón —la segunda causa principal de cáncer en los pulmones— lo que significa que los apartamentos pequeños de la ciudad de Nueva York podrían estar expuestos al agente cancerígeno a niveles potencialmente peligrosos por medio de nuestras estufas.

Nuestras comunidades están siendo ya afectadas de manera desproporcionada por el asma y otras enfermedades que a menudo son el resultado de injusticias ambientales. Debemos asumir una voz fuerte que diga ya no más.

Una vez que el medio ambiente y la salud estén en peligro, ya no habrá manera de volver atrás. Estas corporaciones e intereses especiales simplemente tomarán sus ganancias a corto plazo y nos dejarán con el daño a largo plazo de nuestra salud y el medio ambiente.