La trampa de la desocupación
Si conocen a alguien que ha estado desempleado durante largo tiempo es decir, por lo menos durante seis meses, aunque en muchos casos durante mucho más tiempo pueden entender cuán frustrante y desmoralizante es esa experiencia, especialmente para profesionales y gerentes ubicados en la mitad de su carrera, que tienen 40 y más años.
Hay que decir que, desde la perspectiva de los potenciales empleadores, no contratar a esos empleados puede tener sentido. Las destrezas que han adquirido son, a menudo, sumamente especializadas, la norma requerida ahora por muchas empresas son escasos. Algunos de estos trabajadores son costosos; están acostumbrados a salarios de clase media alta y a beneficios.
El 60% de los individuos que no han tenido trabajo durante largo tiempo tienen 35 y más años; el 36% ocupaba puestos profesionales, técnicos, gerenciales y administrativos. La pregunta en cuanto a una política pública es la siguiente: “¿Qué podemos hacer con los desempleados a largo plazo?” Y la respuesta franca es: “No lo sabemos.”
No lo sabemos porque, desde la Segunda Guerra Mundial, el desempleo a largo plazo no ha constituido un gran problema en Estados Unidos, como lo ha sido en Europa. El gran temor es que muchos de estos trabajadores nunca encuentren puestos nuevos. Sus técnicas envejecerán. Estarán tan desmoralizados que dejarán de procurar empleo; estadísticamente, el gobierno ya no los considerará “en la fuerza laboral”.
O serán discriminados por sus empleadores quienes, al leer el curriculum de alguien que ha estado desempleado por un año se preguntará: ¿Cuál es el problema de este solicitante?
Un estudio de los economistas de Princeton, Alan Krueger, Judd Cramer y David Cho, es desalentador. Entre los desempleados durante mucho tiempo, sólo el 36% consiguió puestos 15 meses después, según el estudio. En cuanto al resto, el 30% estaba desempleado y el 34% no figuraba en la fuerza laboral.
Es perturbador que el estudio sostenga que hay más escasez en los mercados laborales de lo que parece. Podríamos acercarnos a una espiral inflacionaria salarios-precios más rápido de lo que la tasa relativamente alta de desempleo (6.7% en marzo) lo sugiere. Con cantidades de trabajadores desempleados, la competición por los puestos de trabajo debería impedir un aumento de salarios inflacionario.
Pero, señala el estudio, los que han estado desempleados largo tiempo están tan “marginados” que sólo influyen en los salarios muy débilmente. Es más importante el desempleo a corto plazo, de menos de seis meses. Si es bajo, la presión sobre los salarios será alta; es sorprendente que ahora esté cerca de su promedio de 20 años, de alrededor de un 4%. Eso podría causar que la Reserva Federal apriete el crédito para impedir embotellamientos de mano de obra.
Otros indicadores pintan un mercado laboral más amplio, señala David Stockton, del Peterson Institute, exalto economista de la Reserva Federal. Las “tasas de abandono” de los empleados permanecen altas, revelando el temor de los trabajadores de no encontrar puestos nuevos, si dejan los que tienen. Las “tasas de contratación” de las empresas son igualmente bajas y reflejan una cautela afianzada.
Nada de ello describe una economía cercana a su capacidad productiva. No estamos al borde de un estallido inflacionario. El desempleo a largo plazo es una enorme tragedia nacional y personal. Constituye la trampa de la desocupación. No sabemos cómo resolverla; pero por lo menos debemos tratar de no empeorarla.
The Washington Post Writers Group