Fe en Jesucristo y en nosotros

El Domingo de Pascua no fue un día para celebrar con conejitos y huevos pintados. Fue nuestro día santo, celebramos la fe que tuvo Jesucristo en los que padecen de injusticias.

El Domingo Santo, día de la resurrección, debe constituirse un llamado para que nosotros adoptemos la fe de Jesucristo y tengamos fe en nuestro propio pueblo. Durante los 80 días que siguen debemos levantar una montaña moral encima de la cual el presidente Obama pueda subir para aprovechar su autoridad ejecutiva en beneficio de nuestras familias.

El presidente dispone de la autoridad de expandir los aplazamientos que ya otorgó a los “soñadores” para que protejan también a sus madres y padres y a las madres y los padres de los 5 millones de niños que son ciudadanos estadounidenses. Lograr eso significaría que millones de personas podrían conseguir permisos de trabajo, números de Seguro Social y licencias de conducir. Podrían vivir sin tener miedo el arresto por la migra. Podrían vivir en seguridad con sus familias mientras el Congreso sigue debatiendo sobre la aprobación de una reforma migratoria integral.

El presidente también dispone de la autoridad de permitir que personas que ya han sido deportadas regresen al país bajo condiciones de libertad condicional de emergencia. Tan pronto que estos padres, estas madres y estos niños sean deportados, se identifican por elementos criminales como personas que tienen familias en los Estados Unidos. Inmediatamente este hecho los convierte en blancos de secuestros por parte de la delincuencia organizada que están atormentando a México y Centroamérica, cuyos miembros creen que estas familias pueden pagar el rescate de sus parientes secuestrados. Si no pagan, los matan. Esta situación afecta a miles de personas y el presidente puede aliviarla con un plumazo.

Estas son cosas que el presidente puede hacer. La alternativa para él es seguir deportando a 1,100 personas cada día, separándolas de sus familias, destrozando las vidas que han creado en este país, y exponiéndolas a tremendos peligros físicos en México y Centroamérica.

Tanto los demócratas como los republicanos nos han utilizado como elementos desechables en sus batallas políticas y electorales. Nos niegan nuestros derechos humanos. Jesucristo dijo que los pobres son también el pueblo de Dios. Jesucristo murió para traer las buenas nuevas que el reino de Dios pertenece a gente como nosotros y para exigir que nos mantengamos unidos en nuestra fe. Creía en nosotros. Inclusive creía en sus discípulos a pesar de que lo traicionaron y abandonaron—y tuvo razón. Después de su resurrección ellos continuaron levantando el movimiento que él había empezado. Porque él creía en nosotros, es más fácil que creamos en nosotros mismos ahora.

Para asegurar que el presidente actúe en julio en caso de que el Congreso no actúe, tenemos que movilizarnos en millones. Como en los tiempos de Jesucristo, nuestro pueblo no está desanimado.

Se les ha mentido y traicionado una y otra vez. Se les ha faltado al respeto y han tenido que aguantar que les hayan quitado sus seres queridos como criminales. Han tenido que aguantar la experiencia de vivir con temor. Como Jesucristo tenemos que mantener nuestra fe en ellos y seguir exigiendo que marchen y se movilicen masivamente.