La narcomoda se impone en la Gran Manzana
Existe gran demanda de la excéntrica parafernalia en los negocios mexicanos
Prendas de vestir con la imagen del 'narco-santo' Jesús Malverde, se venden en Botanicas de la Roosevelt Ave. en Queens. Crédito: <copyrite>EDLP</copyrite><person>fotos Mariela Lombard< / person>
Nueva York El gusto por la clásica imagen del sombrerudo enjoyado que calza botas y viste camisa vaquera abierta a la altura del pecho, asociada con los capos de la droga, no es extraño en Nueva York. Comerciantes, músicos y artistas del tatuaje coinciden en que, desde hace unos cuatro años, la narcomoda se arraigó en algunos nichos de la comunidad latina.
“En esta ciudad si no cantas el narco-corrido no eres artista”, expresó Abelardo Cariño, conocido en el gremio de los grupos norteños y de tambora como El Gallo Cariño. “Uso la imagen de Jesús Malverde para agradar a mi público. El atuendo me hace muy popular”.
Jesús Malverde y la Santa Muerte son considerados los santos de los cárteles de la droga. Cariño, quien inició su carrera como solista en 2006, indicó que los adolescentes y los jóvenes adultos son quienes demandan el narco corrido, un subgénero de la música norteña.
“Estos chicos se siente protagonistas de las historias que yo canto”, indicó el artista residente de El Bronx. “Los muchachos ven a los narcos como héroes”.
Cariño profesa abiertamente su fe a la Santa Muerte y manifiesta su devoción con una imagen de plata pura sujeta a una gruesa cadena. La vistosa joya resalta en su pecho expuesto por la camisa vaquera desabotonada.
Pero la Narcomoda también tiene su historia. A fines de la década de los 80 y principios de los 90, reinaba la llamativa imagen de la familia Arellano Félix, ataviada de relojes de oro y gruesas cadenas. Sin embargo, el arresto de Édgar Valdez Villareal “La Barbie”, en 2010, reveló una tendencia más sobria y glamorosa.
El narcotraficante mexicoamericano portaba una playera Polo Ralph Lauren verde con el número 2. La costosa marca pronto se popularizó con otros capos que vestían la misma prenda en su detención, incluidos José Jorge Balderas Garza “El JJ”, Marcos Carmona Hernández “El Cabrito” y Benjamín Reyes “El Padrino”.
En la Gran Manzana los seguidores de la cultura narco optan por la imagen tradicional del botudo con diente de oro, gusto que se refleja en la demanda de excéntrica parafernalia en negocios mexicanos.
El compositor y arreglista mexicano Alfredo Viveros indicó que grupos norteños locales apelan a su creatividad en espera de un narco-corrido que los identifique.
“Mi ética no me permite inspirarme en capos reales, me rehúso a escribir canciones sangrientas”, dijo el compositor. “Invento personajes y creo rimas que hablan del narco. En realidad no tengo simpatía por el tema, pero hay una gran demanda”, dijo el residente de Fordham Heights.
Los artistas del tatuaje también se benefician de la narcomoda, como Tony Flores, quien tatúa hace 22 años en Queens.
“Hombres y mujeres jóvenes se tatúan a Malverde en el brazo, buscan que sea bien visible”, indicó. “La mayoría son mexicanos, pero ecuatorianos empiezan a tenerle amor a esta moda”.
Flores, dueño de la tienda Sepelio Tattoos en la Avenida Roosevelt, enfatizó que hace unos dos años creció la moda del tatuaje de Malverde. Sin embargo, la Santa Muerte está en boga desde hace una década y su demanda sigue en aumento.
Las gorras y las camisetas estampadas con el rostro de Malverde y la clásica hoja de marihuana, y las brillantes hebillas con grabados de pistolas AK47 o “cuernos de chivo” son algunos de los artículos que la zapatería El Rodeo importa de México para su venta en Queens, Brooklyn y El Bronx.
Teresa Catalán, empleada del negocio por ocho años, indicó que los ornamentos y accesorios que se venden por $35 y $65 tienen buena demanda, especialmente entre varones jóvenes.
El culto a los “narco santos” también goza de buena salud. Carlos Horiuchi, propietario de la botánica La Rosa de Guadalupe, en la Avenida Roosevelt, vende por $10 desde documentales de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” hasta amuletos de Malverde.
“No sé si es moda, morbo o devoción, pero los clientes no reparan en gastos”, indicó. “No es algo nuevo y no creo que se acabe. Al contrario, pasa de generación en generación”.






